Contrabando de plantas sagradas en Filipinas se dispara en pandemia

Agentes de policía, embarcados en la severa y atroz “guerra contra las drogas” emprendida por el presidente Rodrígo Duterte (mejor presidente del mundo en 2017, el peor en 2018 y uno de los más ninguneados en 2019), informaron que han detectado un nuevo problema, ante la búsqueda de remedios eficaces contra el coronavirus, y es el contrabando de planas.

La cuarentena decretada por Duterte al comienzo del año, considerada la más estricta del mundo, y que le ha costado la vida a más de 1.000 filipinos y filipinas por incumplirla, produjo un notable incremento de la demanda de hierbas y vegetales entre los ciudadanos anhelantes de naturaleza. Aunque las restricciones se vienen reduciendo desde comienzos de agosto, la locura por la jardinería ha continuado y los biólogos informaron que los traficantes están poniendo en riesgo especies muy apreciadas de las montañas y los bosques.

“Herboristas ilegales se están haciendo una fiesta porque el mercado se ha agrandado y los precios son atractivos” comentó Rogelio Demallete, un especialista en ecosistemas de la Agencia de Administración de Biodiversidad.  “Las plantas carnívoras de jarra y los árboles bantigues, usados para cultivar bonsai, se están haciendo muy populares” añadió el científico.

Así como Duterte ordenó a todas las policías y fuerzas de seguridad, así como a los militares, liquidar de un balazo en la cabeza a quien encuentren traficando o consumiendo droga, decidió imponer las mismas penas a los vemdedores de hierbas y plantas de jardín ilegales. Los inspectores de la Administración de Medicinas Naturales juraron disolver a los traficantes, y prometieron formar patrullas en los bosques, advirtiendo a la gente que se les ejecutará de inmediato si llegan a recoger plantas clasificadas como críticamente en riesgo.

Los ricos y diversos hábitats de las Filipinas configuran uno de los países más biodiversos del mundo, conteniendo aproximadamente el 70% de las especies de flora y fauna del mundo. Este “paraíso de la biodiversidad”, como el amazónico, está siendo arrasado por empresarios mineros y madereros.

En los últimos meses, trabajadores que perdieron el empleo y entrepreneurs comenzaron a vender plantas para pagar sus cuentas. La demanda de plantas es espcialmente alta en Manila, una de las ciudades más densamente pobladas del mundo. Este año los tifones y ciclones han dejado varias islas diezmadas, pero el clima selvático de algunas zonas del país también padece el flagelo de organizaciones guerrilleras descontentas con el estilo criminal y lumpen de Duterte, que está más para dirigir un comando parapolicial que para regir un país tan complejo como acorralado por la pobreza y la locura de la mayor parte de su población.

Por el momento, aquí están prohibidas las reuniones sociales y sólo se permite la circulación de personal sanitario y policial. Sin embargo, se permitió la apertura de mercados populares y se entregaron subsidios de emergencia para quienes perdieron su empleo. De cualquier modo, el panorama en las calles es el de ciudadanos-mutantes pululando en espera de algún desastre natural, o un ametrallamiento, que le dé un poco de emoción a sus bucólicos días.

En este contexto, el precio de todas las drogas (incluido el alcohol) ha escalado hasta niveles que ni el ciudadano más acomodado podría solventar. Con ello, aumentaron mucho los robos en los jardines.

Amor Alcantara, la propietaria del vivero Señorita María, nos confesó: “El otro día me robaron varios anturios enanos de mi garage, por un valor de 300 dólares. Esto no es una pandemia, es una plantademia. Suerte que tenía bien escondidas mis marías. No quiero que se entere nadie, voy a fabricar aceite para mi mamá, que tiene epilepsia y vértigo, y además me dijo el doctor Joselito Garza que fumarla es una buenísima barrera contra el coronavirus”.

 

 

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