Una mala noche

Drama Personal.
Villiam: un senador

Needleson: un noble

Smiler: un picapleitos

Ki-Yi: un comerciante

Grimghast: un pretendiente

Saralthia: un ninfa enferma de amor

Nellibrac: una dulzura

Un cuerpo; un fantasma, una cosa innombrable, esqueletos; calaveras, etc.
Escena: Un cementerio en San Francisco. Saralthia, Nellibrac, Grimghast.
Saralthia: La roja medialuna se está hundiendo hacia el oeste, y la niebla fría invade la tierra durmiente. ¡Sí!, ¡cómo los esqueletos sonrientes ensucian el lugar en el nivel de la luz! Pienso que cualquier esqueleto es el retrato más vívido de mi senador, dibujado por la mano de la muerte, cada mollera sin carne, maldita con una espantosa risa a ojos sin frotar con el magnético ungüento del amor, me parece a mí como una sonrisa amistosa que yo, ¡yo sóla soy capaz de distinguir de su malicia! ¡Vean cómo los coyotes reunidos revolotean a través de los espacios iluminados, o con ojos ardientes estrellan las sombras negras con una mirada firme! Las manadas de sapos juegan sobre mis pies, bulbosamente confortables, intentan saltar y se tambalean torpemente con todas sus verrugas, mientras lagartos bromistas, deslizándose arriba y abajo de mis miembros, como si fueran caminos públicos, me imparten un singularmente interesante escalofrío. La circunstancia y pasión del tiempo, la disposición y manera del lugar, el espíritu de este ambiente confederado, comanda los derechos que venimos a celebrar obedientes a la bruja inspirada, la séptima hija de la séptima hija, que dirige todos los destinos desde la calle Minna, un dólar el destino. Aquí ante su tumba, que para mis propósitos tú, criado de espadas (a Grimghast), más corrupto que la cosa que apesta abajo, has abierto secretamente, trabajaremos el encanto. ¿Qué hora es ahora? (Un reloj distante marca las trece.) ¡Suficiente, sanemos al rígido! (Por medio de un rincón del bote Grimghast para el ataúd al borde de una excavación, la tapa se desmorona, exponiendo los restos de un hombre.) ¡Ja! Señor Moldeahuesos, ¿cuánto se le paga, señor?
El Cuerpo: Pobremente, agradezco su señoría, extraño a ciertos dedos y a una oreja o dos. Hay algo, también, que está mal en mi interior, y mi periferia no es lo que era. ¿Cómo podemos servir el uno al otro, usted y yo?
Nellibrac: ¡Oh, qué hombre agradable! (se sonroja tímidamente, deja caer sus ojos y tuerce la esquina de su delantal.)

Saralthia: Sí, querida, un hombre muy seductor y atractivo, y bastante superior a Lubin Royd, que tiene, sin embargo, esta ventaja distintiva, él está vivo.
Grimghast:  Señora, aquellos son sus restos, fue el cantante jefe de regreso en el ’72, y acostumbrado a que todos lo invitaran a ir a Swellmont y cantar a cada comida. Era en otro tiempo de Villiam, aquello fue, antes de que el caballero con el que te enganchaste compre el lugar.

El cuerpo (cantando): Yací varios años abajo, entre los muertos santificados, escarabajos ocuparon mi cabeza, topos exploraron mi arcilla. Allí festejamos día y noche, yo, el insecto y la bestia, ellos proveían apetito y yo suministraba el festín. El cuervo es un pájaro debilucho.

Saralthia (cantando): El chacal es una margarita

Nellibrac (cantando): El ratón de pared vale un tercio
Un fantasma (cantando): Pero los mortales están todos locos.

Coro de Esqueletos: Oh, los mortales están todos locos, sus intelectos están confusos, en la luna creciente ellos sacuden su zapato y tropiezan en el laberinto. Pero cuando la luna está menguante recobran sus sentidos, caen en oración y desde sus cabellos remueven los restos de paja.

Saralthia: Está bien, galería de bribones, oren por mantenerse en alto: su canción me recuerda a la vieja y larga canción de Villiam, el tiempo en que llegó y (como un pájaro amoroso que se pavonea delante de la dama de su especie, gorjeando para cavarla en la orilla) trinó alto su quebrado falsetto fuera de alcance. Suficiente, ahora vayamos al negocio. Nellibrac, dulce niña, devota de la futura santa Cloacina, el tiempo está maduro y podrido, ¡toma el mando! (Nellibrac trae adelante una valija y toma de ella cinco prendas de vestir que, una por una, estira sobre los puntos de un mágico pentagrama que pensativamente se ha escrito en líneas de luz sobre el césped húmedo. El Cuerpo sostiene su tardía, lamentada nariz.)

Nellibrac (cantando): Medias fragantes, desde los dedos de los pies de Villiam consagradas a mi nariz, camisa que muestra el rastro desgastado de los anillos de su espalda, pañuelo con sus manchas moteadas, donde él sopló sus sesos, cuello llorando por un jabón, profesta de la soga futura, una cosa innombrable me enfermaría para cantar.
Cosa innombrable (a un lado): ¡Qué!, ¿yo, innombrable? ¡Sólo esperen! En todos los diarios familiares del estado ustedes verán a veces que soy descrito extensamente, con gracia y fuerza supereditorial.

Saralthia (cantando): Arrójenlas en la tumba abierta, ¡ellas harán que su amor florezca con una explosión amatoria!
Coro de fantasmas invisibles: Fantasma, fantasma vudú, ¡el veterano Villiam lucha en la red! ¡Por el poder y la intención del encanto gasta su fuerza! Por la virtud en cada harapo bendecido por la bruja inspirada él será una voluntariosa víctima, ¡cojo como si lo hubiese pateado un burro! Por este espantoso encanto decretamos su animación, por la magia de nuestro arte calentaremos los berberechos de su corazón, con Villiam, sea vivo o muerto, ¡tú, Saralthia, te casarás! (Colocan los atuendos en la tumba y empujan el ataúd. Grimghast rellena el agujero. Los fantasmas gradualmente se tornan aparentes en una luz fosforescente alrededor de la tumba, sosteniéndose entre sí los cabellos y danzando en un círculo.)

Canción y danza fantasmal: ¡Oh, somos los fantasmas divertidos, chirriantes, líricos! Mezclamos las cosas que el destino ordena, hacemos que retorne el pasado y se detenga el presente, posponemos el futuro y a veces atamos los tres y los conducimos al pecho juntos, ¡nosotros, los eufóricos, rodantes fantasmas! Para nosotros todas las cosas son igual a nada, y nada es lo que hay bajo el sol. Siete es una docena y nunca es entonces, cuál es qué y qué es cuándo, un hombre es un árbol y un cucú una vaca, ¡por oro en abundancia y plata en abundancia a los mágicos, místicos fantasmas!
Saralthia: Qué monstruosa sombra oscurece todo el lugar (entra Smyler), arrojado como una perdición, ¡ja!, ¿tú? Portentosa presencia, ¿no eres el mismo que acechas con aspecto horrible entre las pequeñas doncellas, mostrando dientes desgarrados, golpeando sus tiernas extremidades hasta espuma carmesí, arrojado desde, tus labios en maldición de Dios y el hombre, las encarnaciones de la tierra?
Smyler: ¡Maldita seas, puta! (Sale Smyler.)
Nellibrac: ¡Oh, qué hombre precioso!
Saralthia: Ahora, ¿quién es el siguiente? ¡De vagos y oportunistas parece estar prolífico este erróneo cementerio! (Entra Needleson, exhalando proféticamente un aroma de huevos decaídos y, realmente, uno de lino sin lavar. Lanza una mirada intensa a un ángel de mármol adyacente y coloca su mano abierta detrás de su oreja.)

Needleson: ¿Ey? (Sale Needleson.)
Nellibrac: ¡Dulce, dulce hombre! ¡Me encantaría jugar en Copenhague con él! (se sonroja diligente y energéticamente.)

Coro de esqueletos: Fantasmas, fantasmas, desaparezcan, ¡se acerca una espantosa deidad! (Salen los fantasmas.) Heridos por una sensación de condena, los muertos se acurrucan en la tumba, los mares están llamando, las estrellas están cayendo ¡y es espantosa la oscuridad! ¡Llamas fragmentarias son arrojadas a través del aire que está entre los árboles! ¡Sí! Cada colina inclina su cabeza, ¡la tierra se está inclinando bajo su hilo! (Por el lado contrario ingresa Villiam en un hueco, navegando un olor a reseda. Saralthia se adelanta para ponerlo en su bolsillo pero él es instantáneamente retraído por una cuerda invisible. Ella cae de cabeza, rompiendo su corazón. Reingresan Villiam, Needleson, Smyler. Todos se juntan cerca de Saralthia, que ruidosa lamenta su accidente. El espíritu del alquitrán, y plumas, levantándose como un humo negro en el medio, ejecuta un monstruoso guiño de gráfica y vívida singificancia, luego los contempla con una intención obviamente bautismal. La cruz de la Montaña Solitaria se prende fuego, resplandeciendo la península. Cuadro. Cortina.)

 

traducción: Hugo Müller

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