Una carrera en las letras

Cuando Liberverm renunció a su silla de Esto y Aquello en la universidad, donde por dos décadas atiborró su cerebro con más de lo que podía contener, para aliviar su estrés optó por escribir para la prensa. Entonces Pondronummus dijo, ‘ayudaré a desarrollar mi talento’, y directo con moneda y crédito compró Thundergust para que lo editara. El gran hombre tomó la pluma y tinta y escribió tan duro que apenas podía pensar, las ideas crecían bajo su puño y fluían como halcones de su muñeca. Su pluma dispara chispas a todos lados hasta que todos los ríos estuvieron en llamas, y donde caen los destellos los hombres pronunciaron palabras que no me atrevo a conjurar.
Pronto con semblante arrugado toallas húmedas rebotaron sobre su pólvora, piernas encerradas y apetito frágil, pensaba tan duro que no podía escribir. Sus fantasías remontanto como gallinas, venían a casa por el gallo pero no se elevarían. Con luz y calor más tenues su pluma de ganso se tambaleaba sobre la sábana, entonces se arrastraba, luego se detenía, vino el final, ni siquiera podía escribir su nombre. El Thundergust en tres semanas cortas se había levantado, se remontó, y dividió sus mejillas. Dijo Pondronummus, ‘¡qué injusto, la tormenta que he levantado ha despertado mi polvo!’
Cuando, Portador de dinero, tienes algo invertido en una vena de pensamiento, asegúrate de que no lo has comprado, en cambio, aquella salada demanda, la cabeza de un gusano de biblioteca.

 

traducción: Hugo Müller

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