Una burbuja

La señorita Marcia Moore era una dama de mente superior, con una túnica que, modestamente ajustada por delante, se hinchaba enormemente por detrás.

Los movimientos que usaba estaban ingeniosamente planeados con una inspiración brillante: magnificaban siete diámetros y eran notablemente bonitos y ligeros. Estaba hecha de goma y en los bordes enlazados y ribeteados con plata, y todo el inmenso espacio interior inflado con gas de hidrógeno.

Cuando se ponía a la vista todas las damas decían como la redonda y creciente luna: ¡Ella es una cosa engreída!’, lo cual en parte era cierto, y los hombres la llamaban el Globo cautivo.
Un día ella fue a la playa de Manhattan por un baño y dijo: ¡Oh, querido! Si me saco esto, ¿qué va a decir la gente? ¡Me veré tan extraña!’ Entonces ella tenía un traje adecudamente hecho para ponérselo entero, y cuando aparecía con aquel traje colocado, era saludada por muchos con una sonrisa.
Orgullosa y felizmente mirando alrededor, ella vadeó hacia el mar pero el agua estaba muy, muy profunda, ¡y sus pies y su cabeza se encontraron!
Mientras su burbuja se alejó de la orilla, llevada por las olas vidriosas, todos gritaron: ‘¿Qué pasó, donde está Marcia Moore? La ví meterse en el agua, ¡lo juraría!’
Entonces la bomba se hinchó a medida en que el sol calentó, hasta una explosión con un hosco rugido, y el mar se cerró como aceite sobre el lugar, adiós, ¡oh, Marcia Moore!
traducción: Hugo Müller

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