La tierra de Dios

Tan dulce como la mirada de una amante, saludando los ojos de una doncella que florecen tristes como la doncella, es un rubor para las miradas sobre ella, el brillo del sol está dorando el claro y alzando la alondra de la sombra.
Canta, entonces, grandes alabanzas y canciones que son ancianas como el oro, de la tierra en sus atuendos de oro, no pregunten sobre su sentido, ni dónde encantan como antaño, ¡pero míren!, la Tierra es tan bonita como vieja.
Canta canciones del orgullo de las montañas, y las fuentes que caen a los mares desde las manos de las colinas, y las fuentes que brillan en los templos de los árboles, en valles de rosas y abejas.
Canta canciones que son tiernas y soñadoras, de esbeltas palmas árabes, y sombras que rodean las palmas, donde las caravanas fuera del esplendor se arrodillan en flores y bálsamos, en islas de calmas infinitas.
Bárbara, oh Hombre, fue tu carrera cuando las montañas fueron manchadas como con vino por el amanecer del Tiempo, y como vino estaban los mares, aún sus ecos están canturreando, languidecen en el pino borrascoso y el pulso de la línea del poeta.

 

traducción: Hugo Müller

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