La mascarada

Las dos cavernas. Drama personal.

Fitch: un acribillador de atorrantes
Pickering: su compañero, un enemigo del pecado
Viejo Nick: un General lavador de negros
Gato muerto: un Misil

Huevo Antiguo: Otro
Atorrantes, descuidistas braceros y palas sin clasificar.

Escena: El borde de un corte de vías ferroviarias, a una milla de profundidad.
Tiempo: 1875
Fitch: ¡Dioses, qué abrupto declive! Abajo veo a los carros haraganes ir y venir, arrastrándose como escarabajos y casi tan grandes. Los pozos de excavación.

Pickering: Un caso de infra excavación.

Fitch: El saber popular, de mente iluminada y pullas sin sentido, viene aunque con escasa propiedad, desde labios bordeados por la triste y negra evidencia de la edad. Hubiese estado bien cultivar un estilo más sabio para que los hombres fantaseen, escuchando cómo haces retruécanos, nuestros más locos misiles se lanzan en diversión.

(Ingresa Gato Muerto.) Aquí hay uno que solícitamente viene a mano, inclina tu fino ojo abajo y míralo aterrizar. (Coge a Gato Muerto por la cola y lo balancea como si lo fuera a lanzar.)

Gato Muerto (cantando): Alegremente, alegremente, giro alrededor. Por encima, por debajo y por delante. Me balanceo ancho y libre, me balanceo alto y bajo, ¡el gato antimonopólico! Oh, ¿quién no estaría en mi lugar, el gato antimonopólico? Diseñado para exhortar, persuadir y asombrar al capitalista y-

Fitch (dejándolo ir): ¡Largo! (Sale Gato Muerto).

Pickering: ¡Hurra!, buen Deacon, ¡muy buen lanzamiento! Pat Stanford ha soplado y Mike de Young. Mike maneja un carro de basura para los villanos, aunque era ideal para que él lo empujara. Bueno, ¡le debemos una al traidor por abandonarnos! Algún día lo agarraremos, si no en su lugar, en su carro. Mientras lanzamos misiles, de cualquier tipo lo haremos. (Entra Huevo Antiguo.). ¡Ja, le podemos dar una ovación también!

Huevo Antiguo: En el valle del Nilo, donde el sagrado cocodrilo de sonrisa inconmensurable florece como una rosa temprana, y la sagrada cebolla crece, cuando las pirámides eran nuevas y la esfinge poseía una nariz, junto a una cigüeña descansaba en la fresca sombra del papiro, donde luego crecía la corriente que ocultó al pequeño judío, el bebé Moisés. Esforzándome mucho por salir del cascarón, allí rompí mi yema, y sentí mi corriente amarilla a través de mi blanco, y el sueño que estaba soñando de la posteridad una noche se rompió. Entonces desde el parche de papiro, por la elevación enrollada de las aguas, varios pasaron un viejo templo, yo procedí hacia el mar. Una mañana Memnón cantó para mí, ¡y escuché a Cambises hablar con descaro de la tumba de Ozymandias!

Fitch: ¡Oh, la más venerable esfera de toda la tierra, Dios le dé descanso a la dama-gallina que te dio nacimiento! Ajusta el misil para la más vil mano que arroje, libremente te ofrezco las mías. Aunque como un huevo malo yo no cejo en mi intención, tus años más maduros garantizan lo mejor de tí. Ahora, Pickering, por favor expone tu mirada y dí si, ¡hup! (Sale Huevo). Tengo el intervalo.

Pickering: ¡Hurra, hurra! Una enorme y buena ejecución, y el descenso de Teddy Colton: ¡estalla en rayos sobre su corona! Larry O’Crocker deja caer su selección y vuela, ¡y olores ensordecedores gritan a través de los cielos! Ellos arremeten algo más.

Fitch: No quedó nada excepto alquitrán, desearía ser un matón.

Pickering: Bueno, lo eres. Pero guarda el alquitrán. Qué bien recuerdo cuando Mike estaba con nosotros, orgulloso, fuerte, erecto, hombres de conciencia recta, arrojando barro, él se paraba, austeramente valiente, incomparablemente bueno, antes de que por sucio lucro comenzara a manejar un carro como hombre contratado de Stanford, cargando ese pote de lanzamiento en su mano, apareció el Viejo Nick y nos embreó con el mismo palo. (Entra el Viejo Nick). Espero que no vuelva y use sus artes para hacernos partir con nuestras partes inmortales.

Viejo Nick: Acomódate en aquella partitura, mi cordero, ¡por sus almas no daría una maldita moneda! Quiero mi pote de alquitrán, ¡hola!, ¿dónde está el palo?

Fitch: ¡No me mires de esa forma! Míralo a Pick.

Pickering: Perdóname, padre, ¡ten pena por mi remordimiento! La verdad es, Mike tomó aquel palo para azotar a su caballo. Llena mi pericardio con dolor que fui la compañía de tamaño ladrón. (Esforzándose por tomar su pañuelo, abre su abrigo y cae el palo de alquitrán. Nick lo recoge, mira con reproche al culpable y se va en lágrimas.)

Fitch (excitadamente): Oh Pickering, ven aquí al borde, ¡pienso que algo está pasando allí abajo! Con mucha sonrisa hacia arriba y guiño significativo todos los peones están huyendo del corte como lunáticos, a derecha e izquierda.

Pickering: No me gusta, es sólo un pobre deporte o una broma revoltosa. Sentémonos y tengamos una fumada tranquila. (Se sientan y encienden cigarros.)

Fitch: (cantando): Cuando vi por primera vez a la señorita Toughie fumé un fino cigarro, y yo me hacía el tonto y ella estaba en el auto.

Ambos (cantando): Y yo me hacía el tonto y ella estaba en el auto.

Fitch (cantando): No podía ir hacia ella, y ella no hubiese venido a mí, y yo estaba tan relajado como un ganso en un árbol.

Ambos (cantando): Y yo estaba tan relajado como un ganso en un árbol.

Fitch (cantando): Pero bien pronto me debilité y dejé mi asiento, ¡y arrojé una hierba de diez centavos para ganar una muchacha de cinco centavos!

Ambos (cantando): ¡Y arrojé una hierba de diez centavos para ganar una muchacha de cinco centavos!

Fitch: ¿Ahora no hay una sustancia cierta vendida bajo el nombre de fulminado de oro, un alto explosivo, popular por estallar, produciendo un efecto inmenso y permanente?

Pickering: No, eso es mera superstición. Los rocas se alquilan y las excavaciones se hacen con argumento. Todos los explosivos han tenido su día y temporada, el ingeniero moderno confía en la razón. El hablará un túnel a través del flanco de una montaña y por el bello discurso la cueva derribará el banco más elevado.

(La tierra tiembla, se escucha una profunda explosión subterránea y una sección del banco tan grande como El Capitán comienza a irse y hundirse tormentosamente en el corte. Una parte de ella sacude el carro de De Young a popa del árbol de hacha y lo arroja violentamente hacia el cielo, una cosa de piernas y brazos, para descender en las distantes montañas, donde está frío. Fitch y Pikering se lanzan lejos de los restos y se paran desgravando sus ojos y narices.)

Fitch: Bueno, desde que estoy aquí abajo ayudaré a dar la nota, y lanzaré el polvo desde aquí con una espada.

Pickering: ¡Dios bendiga mi alma! Me hizo abandonar un inicio. Bueno, el destino es el destino, supongo que conduciré este carro.

 

traducción: Hugo Müller

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