La leyenda de la verdad inmortal

Un oso, habiendo desplegado un notable festín, invitó a un zorro hambriento al lugar.

‘Me he matado’ dijo, ‘una bestia como siempre distendió su cinturón de sacerdote con difusión de religión o gracia interior. La transporté a mi guarida, la desangré y la desollé, colgué su piel para secarla, luego la dejé desnuda, para mantenerla fresca, sobre una losa de hielo de la piscina congelada, y allí la comeremos tú y yo’.

El zorro acepta, y caminan afuera, entreteniendo el tiempo con charla cortés.

Ustedes jamás hubiesen sospechado verlos sonreír, el oso estaba pensando, el rato bendito, cómo, cuando su invitado no estuviese en guardia, con el duro festín, le daría una barrida que arruinaría su estilo.

Ustedes jamás hubiesen pensado verlos saludarse, el zorro estaba reflexionando profundamente cómo podía proceder mejor, para burlar a su anfitrión y presumir al entero cerdo u otra ave con la misma intención.

Cuando la fuerza y la astucia se combinan en amor, estén seguros de que será para algo más que meramente cenar.
En el momento en que aquellos mordedores plegaran el labio una milla adelante la musa saltará: ella puede servir mejor al propósito del poeta adentro de la guarida, si tiene el temple. ¡Miren!, descansando en nicho oscuro, una espantosa cabra en completa desnudez, pálida y quieta en su gélido lecho, e indiscutiblemente bien muerta. Su piel pende de un par de ganchos y aquí comienza la declaración más singular, porque de pronto la bestia carneada, con cómoda gracia para una difunta, levantó su cabeza, miró alrededor y dijo, muy claramente para una tan muerta: ‘Las noches son  intensas y las hojas delgadas: ¡me encuentro infrecuentemente fría aquí!’
No respondo cómo fue forjado esto: todos los milagros sobrepasan mi pensamiento. ¿dicen que ellos están vejando, y desvariando? ¡Paz, paz! No son invención mía. Pero no sea que demasiado misterio embarace esta historia verdadera, no relataré cómo esta cabra se paró y estampó sus pies para informarles con… ¿cuál es la palabra? Quiero decir, para calentarlos, ni cómo ella arrancó su áspero capote desde las clavijas donde el oso la había colgado, y las arrastró sobre su cuerpo tembloroso, ni cómo podía ocurrir cada acto: sólo puedo jurar que los hizo todos, luego permaneció pensativa en la gruta, como si se hubiese olvidado de algo, hasta que afuera se oyeron una humilde voz y una voz de orgullo, en murmullos de amor. Entonces, como un cohete lanzado a vuelo ¡ella saltó y corrió desnuda por la luz!
Rodaron diez millones de millones de años y un día desde aquellos eventos, afuera, pero aún el campesino a la caída de la noche, demorado cerca de allí, a menudo es atemorizado por sonidos de un oso fantasma en vuelo, un quiebre de ramas bajo la colina, ¡el ruido de una partida cuando todo está silencioso!
Y gallinas dormidas en el corral, ellos dicen, a veces cloquean de un modo sorprendente, ¡como si estuvieran soñando un sueño que se burla de la prisa y el zumbido de un zorro fugaz!
La mitad nos enseñaron, y enseñamos a la juventud, y alabar por rutina no es sino meramente pararse por la verdad. Así de mi cabra: ella está meramente diseñada para representar la verdad inmortal a este alcance: ella debió estar muerta, y despellejada, helada, oculta en una espantosa guarida afuera, presa de las iglesias (cualquier lo hará, excepto la iglesia mía y tuya). El más simple milagro, aún entonces, la levantará y la vivificará nuevamente.
traducción: Hugo Müller

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