La dama viuda

Es la viuda de Thomas Blythe, y ella se va de juerga, y rojas son las mejillas de sus espectadores porque sus actos son ligeros y libres.
En un traje de siete onzas la viuda de Thomas Blythe, encaramada en la repisa de la ventana, intenta el difícil can-can.
Diez alguaciles ensayan golpear el saludo de la dama. Con la viuda de Thomas Blythe sus manos están florecientes y ellos gritan: ‘Llamen a la Guardia Nacional para sofocar a esta musa parlanchina, ¡porque todas las viudas de Thomas Blythe están de juerga sobre nosotros!’
Oh, larga será la historia de duendes a ser contada por el diezmo sobreviviente de aquel pelotón, y empapado de lágrimas él cantará esta ruda balada de la viuda de Thomas Blythe.
traducción: Hugo Müller

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