El superintendente de la división

Desconcertado, él se para sobre la vía, suenan los interruptores automáticos.

Donde sea que gire sus solemnes ojos las señales de interconexión se elevan.

Los trenes, ante su pálido semblante resplandecían suavemente, no dejaban los rieles.

No escuchó a ninguna víctima de astillas escupidas pronunciando la nota alta C.
En profundo dolor cuelga su cabeza, despreocuado de su propia muerte.

Ahora de pronto su espíritu eleva un gran pensamiento que brilla en sus ojos.

Esperanza, como el vívido resplandor de un faro, resplandece el camino de su desesperación.

Su genio brilla, las nubes ruedan hacia atrás, ¡pondré obstáculos en la vía!’

 

traducción: Hugo Müller

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