El miliciano

‘Oh, guerrero con las armas bruñidas con borla y cordón de lingotes, ora y cuéntame de los lóbregos encantos del servicio y las alarmas feroces: la tormenta del castillo, la carga a través del pasto humeante, los rifles ocupados traqueteando, qué pensamientos inspiran a los hombres que empuñan su espada, sus almas valientes, aceradas y fortificadas en la batalla’.
‘No, hombre de paz, no busques conocer la funesta fascinación de la guerra, el hambre del soldado por el enemigo, su espanto o seguridad, la alegría de ir al campo de aniquilación. Aunque los clarines ya no suenen ahora ni los tambores están batiendo aún, un miedo me deshumaniza, lo permitiré, y envenena todo mi placer: ¡Cómo si debiera mojarme los pies!’

 

traducción: Hugo Müller

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