El ermitaño

A un cazador de la ciudad, sorprendido por la noche, habló, en tonos de tierna piedad por sí mismo, un viejo espectro: ‘He encontrado al mundo una fuente de engaño y la vida una farsa. He tomado la montaña y soy un sagrado ermitaño. Severamente empeñado en la contemplación, apartado de la especie humana, en la colina mi habitación, en el infinito mi mente. Diez largos años he vivido una cosa lerda, poniéndome calvo e inclinado a la limosna. Vanamente buscando algo para comprometer mi alma melancólica. Gentil peregrino, mientras comes mis raíces, y bebes mi simple trago, por favor sugiere lo que te plazca como un tema para que yo piense’.
Entonces el cazador contestó gravemente: ‘Libre de distracción y esfuerzo, podrías meditar muy bravamente sobre la vanidad de la vida’.
‘Oh, tú, sabio e ilustre Maestro, has resuelto bien el problema, has salvado a una agradecida criatura de las agonías del infierno. Toma otra raíz, otra copa de agua: come y bebe. Ahora tengo un tema, hermano, dime qué y cómo pensar’.

 

traducción: Hugo Müller

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