Cristiano

Soñé que me paraba sobre una colina y ¡sí! Las multitudes celestiales iban y venían, debajo, en atuendos de shabbat ajustados, con semblante pío, apropiadamente tristes, mientras todas las campanas de la iglesia hacían un estrépito solemne, la alarma del fuego a aquellos que vivían en pecado.

Entonces me vi contemplando pensativamente hacia abajo, con rostro tranquilo, sobre aquel espectáculo sagrado, una figura alta, desenvuelta, en una túnica blanca, cuyos ojos difundían una luz melancólica.

‘Dios lo conserve, extranjero’ exclamé. ‘Usted es sin duda (su hábito lo muestra) de afuera, y aún entretengo la esperanza que usted, como aquellas buenas personas, es cristiano también’.

El levantó sus ojos y con una mirada tan severa que me hizo arder con miles de sonrojos replicó, su modo aderezado con desdén ‘¡Qué! ¿Yo un cristiano? No, ¡por cierto! Soy Cristo’.
traducción: Hugo Müller

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