Convaleciente

¡Qué! ¿Fuera de peligro? ¿podrán la dama despreciada y el fariseo hipócrita no difamar más? ¿mi mano ya no acariciará más la traición, ni odiará la mentira acechante cerca de mi puerta? Ingratitud, con beneficios descartados, sin comprender de qué se trata todo esto, de aquí en más ¿la envidia no se vengará por virtudes que sería vano emular? ¿Fallará mi conocimiento en la exploración de la ignorancia, sin comprender de qué se trata todo esto, aún sintiendo en su luz tan baja y pequeña que toda su pequeña alma se convierte en hiel?
¡Qué! ¿Fuera de peligro? ¿Desarmados los celos, la codicia desde la exacción mágicamente encantada? La ambición permanece pisoteando a quien encuentra. ¿Como caballos fugitivos en calles atestadas? ¿El fanático, con su vela, libro y campana, la lengua atada, sin pulmones y también palarizado? ¿El crítico debidamente detenido por la justicia, su propia oreja clavada firmemente al poste, qué más espantos es incapaz de infligir, e impotente para pregonar las fallas que ha elegido? ¿El mentiroso ahogado en su mejor mentira, e impotente también para vilipendiar o halagar por el oro de hombres ahorrativos que odian su persona pero emplean su pluma, que ama y desprecia, respectivamente, el polvo perteneciente a su personaje y remera?
¡Qué! ¿Fuera de peligro? ¿Todos secuaces de la naturaleza, como sabuesos retornando del llamado del cazador, obedientes a la nota mal venida que los aquieta de la garganta explosiva de la presa? ¿Hambre, pestilencia y terrible terremoto, torrente y tempestad, relámpago, escarcha y fuego, el tigre desalmado y la serpiente inconciente, el nocivo insecto del lago estancado, aquellas restringidas de su presa inmemorial, su furia desconcertada y su poder encadenado? ¿Estoy seguro?, ¿es eso lo que dijo el médico? ¡Qué! ¿Fuera de peligro? Entonces, ¡cielos, estoy muerto!

 

traducción: Hugo Müller

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