Un mensaje de Oregon

Cuando nos mudamos por primera vez aquí, podamos los árboles que nos rodeaban, nuestras espaldas ondularon al viento, ninguno jamás llegó a la luna, ninguno.

Ahora nuestros árboles están más seguros que las estrellas, y sólo el descuido de otras personas es nuestro precioso y resistente caparazón, punzado por meteoros, el radar y el teléfono.
Desde nuestro cómodo lugar gritamos religiosamente por atención, para ocultar: sólo silencio o evasión traerán advertencia peligrosa, el suspendido halcón del estado, o la súbita y quieta mirada y fatal estimación de un vecino alertado.
El mensaje que traficamos en su plena cobertura, para ser abierto calladamente: amigos por todas partes, ¡estamos vivos! ¡Aquellos cohetes de la luna han perdido millones de lugares secretos! Mejores deseos. Quemen esto.

 

traducción: Hugo Müller

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