Soluciones fáciles y económicas para las plagas de langostas

En épocas de pandemias y plagas por doquier, en los escenarios de confinamiento y toques de queda que nos tocan vivir, uno de los flagelos que pasaron inadvertidos fue el de las mangas de langostas que asolaron las cosechas africanas y de los países más necesitados del sur, como el nuestro. Ante el crecimiento de la Covid-19 la misería humana afloró en paisajes apocalípticos de fábricas vacías, funcionando sólo las droguerías y supermercados chinos. Y en las ciudades a nadie le importó que las langostas comieran granos de todo tipo, empeorando la situación de hambre que se avizora en un horizonte cercano. Por eso es necesario aprender de los adelantados países africanos.

Comerlas, envenenarlas, usar un perfume para inducirlas al canibalismo; todas estas alternativas están barajando científicos kenyatas en un laboratorio de Nairobi que experimenta con novedosas formas de exterminarlas.

Los enjambres son los peores en tres generaciones, estimuladas por el clima húmedo y por la dispersión que generó un registro récord de ciclones. De acuerdo con estimaciones del Banco Mundial, las pestes destructivas de langostas se llevaron 10 billones de dólares (de alimentos) que iban a paliar un poco el desastre humanitario constante que atraviesan Yemen y el este de Africa.

Las langostas suelen ser controladas esparciénoles pesticidas antes de que puedan volar, pero los químicos pueden dañar a otros insectos y al medio ambiente. Así que el ICIPE (Centro Internacional de Fisiología y Ecología de Insectos) está experimentando con biopesticidas y el uso de langostas como comida animal y humana, en búsqueda de métodos de exterminio amigables con el medio ambiente (y de paso se contenta a Greta Thurnberg).

Los investigadores de ICIPE descubrieron y aislaron el hongo Metharizium acridum, que puede matar a las langostas sin dañar a otras criaturas. Ahora se está usando en la mitad oriental de Africa. Los investigadores están mezclando otros 500 hongos y microbios en su biobanco con la esperanza de descubrir más venenos contra las langostas.

Baldwyn Torto, jefe del equipo de investigación, se focaliza en los olores y feromonas de las langostas. Antes de que puedan volar, ella tienen cierta química que da un olor único, el cual les permite permanecer en grupo. Ese olor cambia cuando a medida que las langostas maduran. Diseminar la escencia de un adulto entre los jóvenes ayuda a destruir los enjambres. “Se desorientan, los grupos se dividen, se canibalizan y se vuelven más susceptibles a los biopesticidas, como los seres humanos cuando viven reconcentrados en un neoliberalismo consumista e individualista recalcitrante” –nos reveló en una charla por Telegram.

Otra manera menos científica pero más natural de combatirlas es comerlas. ICIPE ha desarrollado también redes y aspiradoras gigantes que capturan millones de langostas en un minuto. Estos insectos, riquísimos en proteínas, puede ser cocinados y preparados en distintas recetas para el consumo animal y humano. De hecho se organizan regularmente eventos y festivales gastronómicos que han normalizado el consumo de insectos. Chrysantus Tanga, colaborador de Torto, se los come. En el café de ICIPE, antes de hacerlo les quita la cabeza, las patas y alas. “Hay que hacerlo delicadamente para quien lo ve por primera vez” –asegura Tanga moviendo su mano hacia coloridos platos basados en langostas preparados por los chefs de la organización. Allí puede elegir insectos fritos con salsa tártara y vegetales, pudiendo optar por ingerirlo como un kebab. “Yo me lo como entero, es crocante y tiene un sabor celestial” afirma Tanga, tragándolo con unos buenos sorbos de cerveza tibia.

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