Salvajes matanzas de fuerzas armadas en Burkina Faso

Al menos 180 civiles fueron asesinados en 2020 en Burkina Faso, según evidencias que apuntan contra las fuerzas de seguridad, avezadas violadoras de derechos humanos.

Durante el primer semestre fue frecuente encontrar docenas de cadáveres atados y con signos de tortura, esparcidos en las carreteras, debajo de puentes y a través de los campos en las zonas rurales del país. En la mayoría de los casos, los cuerpos fueron enterrados por los residentes y en el resto quedan abandonados, hasta que se los comen las langostas o animales salvajes.

Djibo, una ciudad del norte, en el corazón del conflicto yihadista, que abarca también al este y centro del país, se ha transformado en un campo de matanzas, con grandes y rimbombantes ejecuciones.

Mientras la violencia de grupos yihadistas –derivaciones del Estado Islámico y al-Qaida- se ha tornado rabiosa en este país cercado del oeste de Africa, las fuerzas del gobierno, acusadas de terribles abusos, incrementaron sus operaciones con mortales consecuencias. La mayoría de sus víctimas son de la etnia fulani o peuhl, a quienes se acusa de ser cómplices de los yihadistas, tanto dentro del país como en toda la región del Sahel.

Todo apunta a las fuerzas armadas. La observadora de HRW, ONG que fiscaliza vulneraciones a derechos humanos en todo el orbe, dijo: “Hay que hacer investigaciones imparciales, recoger pruebas adecuadas e informar a las familias sobre lo que les ocurrió a sus seres queridos”.

Testigos fulanis de las matanzas, que lograron huir gracias a sus pies veloces y escasa carga estomacal, aseguraron que la saña y la barbarie de los asesinos fue brutal y torpe, y que los militares gozan matando gente indefensa.  HRW no pudo verificar independientemente estas acusaciones. El vocero del gobierno aseveró que los asesinos eran yihadistas usando uniformes del ejercito burkinés, y que la policía de Djibo está realizando las investigaciones correspondientes. El ministro de defensa, Moumina Cheriff Sy, dijo: “A esta altura, es difícil para la población distinguir entre los terroristas armados y nuestras fuerzas de seguridad”.

Las ONGs de derechos humanos replicaron que hasta el momento las promesas del gobierno de clarificar las matanzas se han desvanecido en una completa inania. Mientras ha aumentado la presencia de tropas en Djibo, como respuesta a la amenaza terrorista, las matanzas de civiles, particularmente de las mencionadas etnias, se ha vuelto común. Estos abusos han exacerbado las tensiones y el resentimiento étnico, explotados también con pericia por los líderes terroristas.

Ante la espantosa situación descripta, líderes europeos y la ONU advirtieron al gobierno de Burkina Faso que les impondrán severas sanciones si continúan perpetrando matanzas a diestra y siniestra.

Desde 2016 que el país afronta la presencia de “yihadistas” que provienen de Mali y Níger en fronteras absolutamente porosas, signadas sustancialmente por enormes desiertos de polvo y arena. Desde entonces, han muerto miles de inocentes y más de un millón se vieron forzados a desplazarse, escalando rápidamente una crisis humanitaria de dimensiones descomunales. De acuerdo con la ONU, más de 3 millones de personas, incluidos 830.000 refugiados, están siendo desplazados a través del Sahel. Otra ola de recientes ataques en Gayéri y Fada han incrementado aún más la masa de desplazados burkineses, y faseros, que no saben a dónde ir ni cómo han de sobrevivir las próximas 24 horas.

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