Recetas afganas mágicas contra Covid-19

El pánico generado por el coronavirus ha llevado a la gente a intentar una variedad de brebajes con la esperanza de una cura mágica: en India algunos han bebido orina de vaca. En Indonesia algunos han fumado una mixtura de hierbas, especies y cannabis.

En Afganistán, en cambio, la gente dice que fue una munda aplicación de remedios caseros saludables –jugo de limones y kiwis aplastados, hacer sopa caliente de vegetales, mezclando té con jengibre- lo que ayudó a sobrevivir y recuperarse a sus parientes enfermos.

Es difícil saber el verdadero alcance de la pandemia en Afganistán, que ha documentado más de 36.000 casos confirmados y cerca de 1.300 muertos, pero que sólo ha realizado 87.000 tests. Un sistema de salud colapsado, el temor del público a los hospitales rebalsados y la confianza en los tratamientos tradicionales probablemente oscurezcan la verdadera cifra de víctimas de Covid-19.

Miles de personas que enfermaron y se recuperaron jamás sabran si contrajeron el virus. Muchos describieron experiencias de dolores de cabeza y fiebres, algunos con otros signos asociados al coronavirus, como perder el olfato. Pero sin ser testeados jamás podrán saberlo.

Mir Ahmad, abogado de Kabul, nos emaileó: “Toda la familia se enfermó con dolor de cabeza y fiebre y todos lo superamos. Nos quedamos juntos en casa por más de un mes. Hicimos jugo de limones y naranjas. Tomé cinco tazas de té por día. Nos alejamos de los dulces y la comida aceitosa, como recomendaron los doctores. Ahora estamos todos bien”.

Zamin Modabber, empleado de una empresa tecnológica, se sintió enfermo luego de una gran cena. Otros invitados también, y el que se aventuró a una clínica para testearse tuvo un resultado positivo. Modabber dijo que evitará el tratamiento hospitalario aunque tenga un dolor agudísimo porque temé que lo ha de empeorar. “El ambiente del hospital de Corona es peor que el virus en sí mismo porque debilita la moral y entraña riesgo de contaminación”. Preocupado de haber infectado a sus colegas, se estableció en su oficina por semanas, preparándose cenas con vegetales y bebiendo un montón de té de jengibre, limón y miel. Dice que está completamente recuperado.

La OMS dijo que recursos y tests de salud limitados, junto con la falta de un registro nacional de muertos, han provocado que los casos y muertes por Covid-19 en Afganistán estén infravalorados. Sugiere que el pico aún no ha pasado y que los casos se van a acelerar”.

En áreas urbanas la gente ha respondido bien a una temprana y consistente campaña en medios de comunicación, avisando que se tienen que quedar en sus casas si se sienten enfermos, comer sólo fruta nutritiva y buscar tratamiento médico si tienen dificultades para respirar o desarrollas otros síntomas serios.

Los líderes religiosos enviaron mensajes anunciando a sus fieles que no deben atestar las mezquitas y que deben orar en sus casas si están enfermos. Para reducir el estigma de la enfermedad, el concejo nacional de clérigos islámicos declaró que cualquiera que muera de Covid-19 será considerado shaheed, o mártir del Islam.

“La gente ha seguido el consejo de las autoridades médicas. Nadie lo ha desafiado. En Kabul y otros centros urbanos la situación se acerca a alcanzar los estándares mínimos para una inmunidad de rebaño, pero algunos bolsones rurales aún están en riesgo” declaró Ahmad Jawad Osmani, ministro de Salud. Pero la inmunidad del rebaño requiere gente que se haya recuperado del coronavirus para ser inmune a futuras infecciones, y aún se desconoce si los sobrevivientes adquieren una inmunidad duradera, tal como plantean los epidemiólogos reputados de la OMS (también reputeados).

Aún en los centros urbanos abundan tentaciones y promesas de una cura milagrosa. La semana pasada se juntaron miles de personas en una herboristería de Kabul llamada Hakim Alokozai, que ofrecía pociones curativas del coronavirus. Los agentes de salud encontraron que la poción contenía un mix de narcóticos y cerraron el comercio ante las protestas y el enojo de los consumidores.

En agosto está planificada una apertura de comercios y se podrá volver a circular: el virus parece estar declinando y los espíritus se elevarán con los cuatro días del festival de Eid al-Adha. En una encuesta informal hecha en varias zonas de Kabul la mayoría expresa que han superado una enfermedad parecida a la gripe, y asumen que ellos o algún ser querido tuvieron el famoso coronavirus.

Al preguntarles cómo se recuperaron, dicen que siguieron los consejos de los doctores en la TV y en algunos casos, los de sus propias familias. Mohammad Elyas Rahmani, un estudiante de ingeniería, dijo que casi toda su familia padeció el virus. Un tío médico que vive en Alemania los llamaba todos los días recomendándoles jugos frescos y caldo de carne.

“El nos dijo qué hacer, paso a paso” dijo el señor Rahmani, ahora recuperado. Dijo que tuvo un severo dolor de cabeza pero que nunca se testeó ni fue al hospital. Su tío le advirtió que si iba a un lugar lleno de gente, pobremente equipado, podía debilitar su sistema inmunológico, y que probablemente sería su última estación.

Había sólo un camino al régimen alto en vitaminas y bajo en grasas que prescribieron los expertos. Cuesta un poco más que la típica comida afgana de carne, arroz y pan. Las naranjas se importan de Pakistán, limones de Irán y kiwis de Tajikistan. Desde la aparición del virus el precio de los limones se multiplicó por diez.

“Nunca vendí tantas naranjas antes. La gente no lo podía afrontar pero no tenía opción” dijo Esmatullah, un simpático verdulero de Kabul. El usa barbijo y guantes todo el día, y toma la fruta que le sobra a las noches. “Gracias a Alá nadie en mi familia se enfermó” –nos dijo. Su única desazón es que el virus ha remitido, y con ello descendió el precio de los limones.

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