Lectura de humanidades

Aristóteles fue un hombre pequeño con ojos de lagartija, y encontró una veta en el medio de las cosas, un lugar cómodo para sus pies, mucho más importante que los tallados mangos de los ataúdes de los grandes.

Dijo que deberían sacar la mano a tiempo y en lugar de la necesidad: la fuerza importa poco, dijo él, ni siquiera la velocidad.

Su alumno, el hijo de un rey, murió a temprana edad. Que Aristóteles haya hablado de él es imposible de descubrir, la juventud era célebre, un conquistador, un joven con una pandilla, pero aún este Aristóteles jamás lo dijo.

Alrededor del bosque más lejano y a lo largo del lecho del mar, Aristóteles estudió modos locales, inmediatos, muchos de los cuales estaban errados. Entonces estudió poesía. Allí, en tristeza y temor, encontró al Hombre.

Hoy muchos pensadores que se paran bajo y sonríen, tienen pequeño uso para el enojo o el poder, su palacio o su prisión, pero es poco para aquel pequeño hombre con ojos de lagartija.
traducción: Hugo Müller

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