Elixir vital

He escrito sobre el elixir de la vida, cuando el sueño (¡Ruego que el Cielo lo gaste en quien lee el escrito!), se había establecido sobre mis sentidos con tan profunda estupefacción que los hombres pensaban que estaba muerto.

Los siglos robados con paso silencioso, como espectros en el crepúsculo de mi sueño, vi a la humanidad en opaca procesión precipitarse a través de la vida, olvido en cada extremo.

Mientras mi barba, creciendo como la de Barbarossa, cargaba mi cintura y fluía sobre mis rodillas.
Las generaciones vinieron con danza y canción, y cada una me observó curiosamente allí. Algunos preguntaron: ‘¿Quién fue él?’ Otros en la multitud replicaron: ‘Un monje pervertido que se dormía en el rezo’. Algunos dijeron que era un santo, y otros un oso, aquellas eran todas mujeres. Así las jóvenes y alegres, arrugándose visiblemente a medida que avanzaban, chochas al fin sobre sus frágiles miembros que se iban, aunque algunas engancharon sus pies en mi barba, cayeron en sus abismos y fueron estranguladas.
Al final vino una generación que caminó más lentamente hacia la tumba común, entonces se detuvieron todos juntos. Las mujeres hablaban excitadamente; los hombres, con ojos sombríos miraban oscuramente hacia ellas con una mirada de condena, y uno gritó: ‘Somos inmortales ahora, ¿cómo necesitamos esto?’ Y una figura espantosa anduvo con paso majestuoso, silencioso, con un hacha resplandeciente y semblante envuelto, y todos los hombres gritaron: ‘Decapiten a las mujeres, ¡o pronto no habrá lugar para pararse o nadar adentro!’

Así (en mi sueño), cada cabeza adorable fue rebanada de sus lindas espaldas, y sólo quedaron hombres abandonados en todo el mundo. Detenido el nacimiento, quedó suficiente espacio en cada zona, y la Paz ascendió al trono vacante de la Mujer.
Así, habiendo hallado el elixir de la vida (los graznidos con que está alegremente empapado su pan con manteca), hubiese valido más tenerlo por el hacha del líder, a quien viéndolo le di una fuerte sacudida y se desmoronó todo en pólvora al despertar.

 

traducción: Hugo Müller

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