Tartaria

Si fuera señor de Tartaria, yo, y sólo yo, mi cama sería de marfil, mi trono de oro macizo, y en mi corte alardearían pavos reales, y en mis bosques cazarían tigres, y en mis estanques grandes peces inclinarían sus aletas oblicuas al sol.
Si fuera señor de Tartaria cada día los trompetistas me convocarían para mis comidas, y en mis patios rebuznarían, y a la tarde brillarían lámparas amarillas como miel, rojas como vino, mientras el arpa, la flauta y mandolina harían música dulce y alegre.
Si fuera señor de Tartaria usaría una túnica de collares blancos y dorados, y habría verdes, y pequeños y gruesos como semillas, y antes de que se desvanezca la estrella de la mañana me pondría mi túnica y mi cimitarra. Y siete cebras conducirían mi auto a través de los oscuros resplandores de Tartaria.
Señor de los frutos de Tartaria. ¡Sus ríos de plata pálida!

Señor de las colinas de Tartaria. ¡Cañada, matorral, madera y valle!

Sus estrellas titilantes, su brisa perfumada, sus lagos trémulos, como mares sin espuma, ¡sus cidros, encanto del pájaro, en cada valle púrpura!

 

traducción: Hugo Müller

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