Señorita Loo

Cuando miro a través de mi exigua memoria veo claramente a la pobre señorita Loo, su gato atigrado, su jaula de pájaros, su nariz, su pelo, sus palabras apagadas, y cómo abría sus ojos verdes, como si en alguna inmensa sorpresa, cuando fuera que nos sentábamos a tomar té, ella me hacía alguna pequeña observación.

Siempre era el amodorrado verano cuando desde el pasado ella aparece, el sol del atardecer en su piscina, flota en su discurso quedo y frío, mientras el pájaro delgado sacude sus magros alambres, y rompe en punzante canción hasta que los ojos verde pálido entornados de Peter sueñan, se despiertan, despierto, sueña, en una breve tranca, y yo estoy sentado, aburrido y tímido, y ella con mirada vacía y largas manos dobladas sobre la bandeja, meditando sobre la tarde que se fue, su seno satinado agitándose lento, con suspiros que suavemente fluyen y se desvanecen, y su rostro llano en tal desaliento, parece descortés mirarla: hasta que todo el ánimo volverá a ella e iluminará animadamente el espíritu de su hogar: y uno podría pensar que aquella pobre señorita Loo no preguntaría nada más, si te hubiese tenido.
traducción: Hugo Müller

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