Que les vaya bien

Cuando descanso donde sombras de oscuridad ya no asaltarán mis ojos, ni la lluvia se lamentará donde el viento suspira, ¿cómo le irá al mundo cuyo encanto fue la verdadera prueba para mí? ¿Los recuerdos se desvanecen, deben ser recordados quienes perecen?
Oh, cuando mi polvo se rinda a mi mano, pie, labio, para ser polvo otra vez, ¡que estos rostros amados y amantes complazcan a otros hombres!
Que el seto de la cosecha oxidado aún entrelace la alegría del viajero, y como los niños felices junten flores que una vez fueron mías.
Miren la última de todas las cosas adorables, cada hora. No dejen que la noche selle su sentido en sueño mortal hasta que el deleite que han pagado sea su mayor bendición, dado que todas las cosas que ustedes alaban de la belleza son tomadas por aquellos que las amaron en otros días.

 

traducción: Hugo Müller

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *