Parscale, el gurú que puede rescatar a Trump

Hundido en las encuestas, en mitines de escasa convocatoria, los contenidos de sus eventos políticos eliminados de las redes sociales, con récords diarios de contagiados por Covid-19 y fracasados intentos de abrir la economía. A cuatro meses de las cruciales elecciones de noviembre, la campaña trumpista está en búsqueda de un giro copernicano en la campaña, que le quite las amenazas y el fuerte viento en contra que está recibiendo.

El hombre a cargo de arreglar el asunto se llama Brad Parscale, un nativo de Kansas de 44 años que no tenía experiencia política antes de dirigir las operaciones digitales del presidente en la campaña de 2016: “Me arrojaron en el Super Bowl, nunca había jugado y gané” –declaró en aquel momento.

Tuitero de alma, mente y corazón, como su jefe, la reputación de Parscale se construyó a través de un uso astuto de las redes sociales, y una inteligente forma de calentar a las multitudes en los mitines republicanos.

La semana pasada su prestigio comenzó a tambalear cuando el barbado Parscale, de dos metros de altura, se mandó una macana espectacular: anunció que se habían registrado más de 1 millón de personas para asistir al lanzamiento de la campaña de Trump en Tulsa, cuando el día del evento sólo se contabilizaron 6.200 asistentes.

Se supone que él era el punto fuerte de Trump: una fuente de energía, libertad de prensa y montones de información hiper-importante, y un momento de renovación de su atascado esfuerzo por ser reelecto. Sin embargo, las imágenes de Tulsa mostraron cierto agotamiento de su campaña. El presidente se puso furioso con la situación, y sus asesores clave, Ivanka Trump y Jared Kushner, descriptos como directores de campaña de facto, estaban enojados por la mala gestión del acto electoral. El encuentro fue ridiculizado por la prensa demócrata, y se comentó la fragilidad de los intentos por cambiar la trayectoria de la carrera presidencial, colocando a Parscale en el foco de atención.

En efecto, en abril Trump lo retó públicamente, recriminándole que Joe Biden lo estaba aventajando en varios estados clave, incluso en Florida, en donde reside el gurú trumpista. En aquel momento Tump tuiteó que no va a perder con Biden, e insistió que los datos que lo daban como perdedor eran erróneos. Ahora las cosas están bastante peor para el presidente, y las opciones para romper la tendencia se estrechan para Parscale. Los últimos reportes indican que Trump está 9 puntos por debajo en los estados clave que le dieron la victoria en 2016, y que está retrocediendo en todo el país, revelando que Trump se encuentra en el lado opuesto de la opinión pública en los principales problemas que aquejan a la nación imperial. Vastas mayorías cuestionan su manejo de la pandemia, su plan urgente para reabrir la economía, sus objecios al uso de máscaras y sus provocadoras declaraciones ante los crímenes raciales que proliferan en Estados Unidos. Y está perdiendo apoyo en todos los estratos demográficos. Hasta los votantes viejos, blancos y republicanos, se están mudando al campamento de Biden, poniendo en riesgo no sólo la ocupación de la Casa Blanca, sino la mayoría en el Senado yanqui.

Esperanza digital

Parscale, que había diseñado el website de Trump para las elecciones de 2016 por tan sólo 10.000 dólares, ahora tiene un compromiso complicado. Las encuestas sugieren que hay muchos puntos por trabajar, aún cuando todavía hay millones de racistas, fanáticos descerebrados dispuestos a combatir con armas de todo tipo por la permanencia de su querido energúmeno al frente del país. También hay evidencias de que Biden no despierta mucho entusiasmo, y a menos que sucedan hechos extraordinarios, todo indica que la elección funcionará como un referéndum para la administración de Trump. Y es que el gran golpe ya se dio cuando quitaron de la contienda, una vez más, al verdadero líder que podía cambiar la historia estadounidense, que no era otro que el veterano perdedor Bernie Sanders. En este contextos, las poderosas operaciones online de Parscale constituyen una esperanzas para las huestes trumperas. En este terreno, el liderazgo de Trump es ostensible, y motivo de preocupación no sólo en la nación americana sino en todo el planeta. La táctica de usar publicidad con micro-targets en las redes sociales, particularmente en Facebook, alcanzando a votantes que habían sido previamente ignorados, logró recoger una gran cantidad de información valiosa con la que se puede manipular fácilmente y mentir descaradamente, prácticas habituales y esenciales de la gestión trumpista.

Con toda la atención puesta en la manía tuitera del presidente, fue el uso de Facebook, que tiene 175 millones de usuarios en el país, y sus algoritmos, los que ayudaron a ganar dinero y difundir el mensaje, particularmente en comunidades rurales y en estados tradicionalmente demócratas que Trump logró arrebatar por estrechos márgenes. En 2017 Parscale declaró. “Enseguida entendí que sería a través de Facebook que Donald Trump lograría triunfar. Facebook fue la autopista en la que mejor anduvimos, nuestra segura carta de triunfo”.

Más allá de sus arteras mentiras, su contenido grosero y malintencionado, la campaña digital en Facebook fue determinante en la victoria de 2016. Y de acuerdo con Parscale, en 2020 están actualizando el mecanismo masivamente. En verdad, durante todo su mandato la estrategia política de Trump se ha manejado exclusivamente por las redes sociales, confiando en la destreza de técnicos y gurúes.

En una entrevista a un diario británico, Parscale declaró: “La campaña consiste en recoger datos. Cada aspecto de ella, cada cosa que hacemos se basa en llegar a los votantes digitalmente, conocer lo que piensan y lo que hacen, así armamos nuestras bases de datos para modelar y definir los eslóganes y las promesas a realizar”.

Durante 2020 Trump ya ha gastado más de 21,7 millones de dólares en anuncios publicados en Facebook, contando con 30 millones de seguidores. Por su parte, habiendo colocado 23,3 millones en la misma red social, Biden cuenta con sólo dos millones de seguidores. De todos modos, las formidables operaciones online de Parscale están en riesgo, ya que Facebook se encuentra bajo presión de varios anunciantes que se oponen a Trump, y al igual que Twitter y Snapchat, ha impuesto restricciones a las publicaciones y anuncios políticos.

Si bien el director de campaña está buscando generar seguidores en otras redes sociales, ninguna tiene la capacidad de Facebook or Twitter. Los datos de las encuestas continúan siendo negativos y el tiempo apremia.

La app de Trump 2020 permite a los seguidores ganar puntos para donaciones y otras acciones que les otorgan premios, incluida una foto con Trump. Se trata de una herramienta que también aspira un montón de datos, además de una comunicación directa con los votantes en la que pueden manifestar sus preocupaciones. Las operaciones de Parscale, a pesar del mal momento, son un rayo de luz para las esperanzas de Trump de “dar vuelta la cosa”, pero el panorama por ahora es oscuro. El presidente, conocido por sus grandes gestos para alterar el rumbo de una conversación, está en la desesperante necesidad de hallar un salvador, y ya hay rumores de que lo quiere echar al gigantón que le dió el triunfo en 2016. Es una opción, y los milagros aún pueden darse en la democracia más espuria y asqueante del planeta.

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