Melmillo

Treinta y tres pájaros estaban parados en un sauce en un bosque;

llamó Melmillo –volaron tres, dejando treinta en el árbol;

llamó Melmillo –ahora se fueron nueve, y las ramas sostenían veintiuno;

llamó Melmillo –y dieciocho dejaron sólo a tres para asentir y acicalarse;

llamó Melmillo –tres, dos, uno, ahora de los pájaros no había quedado una pluma.
Entonces el flaco Melmillo se precipitó a aquel bosque todo oscuro y verde,

y con las palmas largas y delgadas extendidas suavemente hizo con sus pies una extraña danza, ella no tenía una nota de música para hacer eco a la compañía;

todos los pájaros habían volado a descansar en el hueco de su pecho;
en el bosque –espino, sauce viejo-, danzaba solo, solo danzaba Melmillo.
traducción: Hugo Müller

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