Martha

“Había una vez… hubo una vez un tiempo…”

Una y otra vez Marta nos contaba sus historias en la cañada neblinosa.

Suyos eran aquellos ojos grises claros que observabas, y la historia parecía ser contada por su belleza tranquila como en sueños.

Ella se sentaba con sus dos manos delgadas aferradas alrededor de sus rodillas inclinadas, mientras nosotros recostados en nuestros codos contemplábamos con comodidad. Su voz y su quijada estrecha, su pequeña, seria y adorable cabeza, parecía la mitad del significado de las palabras que decía.
“Había una vez… hubo una vez un tiempo…”

Como un sueño que sueñas en la noche hadas y gnomos aparecían en la luz verde-hoja.

Y su belleza se desvanecería lejos, mientras su voz corría, hasta que la cañada y el sol del verano se iban: todo hecho y olvidado, y como nubes en la altura del cielo nuestros corazones se paraban quietos en el silencio de una era que se ha ido.
traducción: Hugo Müller

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