Lágrimas de cocodrilo en ojos de Netanyahu

Más de una semana después del asesinato de un palestino autista y desarmado en Jerusalem, el primer ministro Benjamin Netanyahu dijo que el crimen fue una tragedia y ofreció sus condolencias a la familia. Muy extraño, casi tan cretino como Trump anunciando que la desocupación bajó en Estados Unidos y que George Floyd estaría contento por ello. Casi tan energúmeno como Bolsonaro anunciando que ya no reportará las cifras de muertos por Covid-19 en Brasil. Igual que el dictador egipcio Abdelfatah-Al Sisi ofreciendo un plan para alcanzar la paz en Libia. Obcecado como Boris Johnson llevando adelante un amargo y enigmático Brexit. Así, el tenaz ‘Bibi’ se presentó en la conferencia de prensa donde también anunció que seguirá adelante con su plan de anexar Cisjordania, y continuar con el exterminio a cuenta gotas del pueblo palestino, y el saqueo salvaje de sus territorios.

Iyad al-Halaq, un hombre palestino de 32 años que padecía autismo, estaba cargando una bolsa con alimentos para su familia cuando un policía, desde muy lejos, lo divisó y creyó que estaba portando un arma. Enseguida, inició una persecución y cacería que terminó pronto con cuatro disparos de su arma reglamentaria. Ahora la divisón interna de la policía jerosolimitana está investigando el asunto.

“Lo que le pasó a Iyad al-Halaq es una tragedia. Era un discapacitado, autista, y sospechamos equivocadamente que era un terrorista que se dirigía a una reunión donde iban a atentar contra el estado de Israel” -aseguró Netanyahu en un descargo que estuvo muy lejos de ser una sincera disculpa.

Los palestinos lo compararon con el crimen de Floyd en Minneapolis, y en sus protestas hicieron el gesto de “rodilla en tierra” (remedando la postura del policía que asesinó al guardia de seguridad negro en Minneapolis), que tantas conciencias burguesas está lavando en todo el planeta. Entretanto, las policías del mundo siguen adelante con sus abusos, crímenes y atropellos, respondiendo a las órdenes de maniáticos ultraderechistas como Trump o Bolsonaro, o el mismo Netanyahu.

Miles de personas asistieron ayer a las exequias de Halaq. Sus padres dijeron que sufría de un autismo severo, que entró en pánico y comenzó a correr cuando los policías israelíes lo encararon.

“Sé que la policía está haciendo pericias. Todos compartimos el dolor de la familia” –dijo el reelecto capo israelí a su renovado gabinete. Y es que luego de un contubernio abominable, el premier hebreo consiguió mantenerse en su puesto por cuarta elección consecutiva, luego de un extenso y patético proceso electoral en el cual también tiene que afrontar juicios por actos de corrupción bochornosos, típicos del mandamás frívolo y ricachón, de sus tres gestiones precedentes.

Dirigiéndose a Amir Ohana, ministro de Seguridad Interior, responsable de la actuación policial, Netanyahu dijo: “Espero que haga una investigación completa en este caso”. Como si ese pedido fuese a acabar con algún agente policial israelí preso. Y menos por matar a un hombre palestino de mediana edad. De hecho, un vocero de la policía de Jerusalem anunció que hasta donde él sabe no se ha tomado medida alguna contra el agente que disparó, que está claramente identificado por un sofisticado sistema de videovigilancia nacional, que para eso los israelíes son verdaderos expertos, y tienen varios maestros a nivel universal.

Benny Gantz, actual ministro de Defensa y –gracias al acuerdo espurio con el líder actual- futuro primer ministro cuando termine el turno de Bibi, de supuesta orientación centroderechista, también expresó su pesar por la muerte de Halaq. Entre ambos van a jugar al “policía bueno y policía malo” hasta concretar el “acuerdo del Siglo” ideado e impuesto por Trump, que no consiste en otra cosa que perpetuar el avasallamiento israelí sobre territorios palestinos, y el lento genocidio de su pueblo.

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