Vieja Susana

Cuando el trabajo de Susana estuvo hecho ella se sentó con una gruesa vela encendida y consumiéndose, y abrió la ventana para ganar el ingreso del dulce aire nocturno, allí, con un pulgar para mantener su ubicación ella leyó, con rostro severo y arrugado.

Sus mansos ojos deslizándose muy lentamente a través de las letras, de un lado a otro, mientras la llama de la vela se agitaba al viento que ingresaba por la ventana. Y a veces en el silencio ella murmuraba una oración audible, o sacudía su cabeza como si dijera “¡ustedes, almas tontas, actuar de esta manera!”
Y jamás escuchaba un sonido de la noche, hasta que un gallo lejano cacareaba claramente, o su viejo y lento pulgar debía girar otra página, y embelesada y seria, a través de sus grandes anteojos se inclina hacia mí, ella contemplaaba la realidad, y sacudía su redonda y vieja cabeza plateada con “¡Tú, pensé que estabas en la cama!”, sólo para inclinarse sobre su libro nuevamente, y enraizarse en el resto de la novela.

 

traducción: Hugo Müller

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