Paso en falso de Michael Moore

El negacionismo nunca muere; sólo se queda quieto y espera. Hoy, luego de años de irrelevancia, los negadores de la ciencia climática están triunfantes. Luego de que sus últimos y desesperados reclamos han colapsado, cuando sólo traccionaban desde sitios conspiranoicos de la ultraderecha, un héroe de la izquierda se dio vuelta y les da más de lo que ellos hubiesen soñado.

Planet of the Humans, cuyo productor ejecutivo y promotor es Michael Moore, tiene más de 7 millones de reproducciones en YouTube. El film no niega a los científicos, pero promueve los mitos de descrédito que los negacionistas han utilizado por años para justificar su posición. Alega que el ambientalismo es una estafa auto-persecutoria, que hace un inmenso daño al mundo viviente mientras enriquece a un grupo de artistas conocidos. Este ha sido por largo tiempo el argumento por el cual la negación –principalmente fundada por la industria de los combustibles fósiles- ha sido divulgada en Estados Unidos. Todos odian a los estafadores.

Y sí, hay estafadores. Hay problemas y conflictos reales a ser explorados en la búsqueda de prevenir el colapso de nuestros sistemas que sostienen la vida. Pero están siendo manejados tan torpemente y de modo incoherente por esta película que observarla es como ver a alguien comenzar una pelea de borrachos sobre una cerveza derramada, y luego iluminar a los amigos que intentan contenerlo. Se tambalea tan ciegamente en temas tócios que Moore, ex campeón de los desvalidos, involuntariamente se alia con los blancos supremacistas y la extrema derecha.

Ocasionalmente, la película lanza un punch a la nariz adecuada. Es correcto atacar la quema de árboles para hacer electricidad. Pero cuando el presentador y director, Jeff Gibbs, dice “He conocido sólo a un líder ambiental dispuesto a rechazar la biomasa y los biocombustibles”, debió estar mirando demasiado lejos. Bastante gente ha estado hablando en contra de ellas hasta devenir en una serie proposición (desde 2004, por lo menos). Y casi todos los líderes ambientales que conozco se oponen a la quema de materiales frescos para generar energía.

También hay algunos problemas genuinos y difíciles con la energía renovable, particularmente la minería de los materiales necesarios. Pero los ataques del film a la energía solar y eólica se apoyan en una serie de falsedades evidentes. Dice que al producir electricidad de renovables “se usan más combustibles fósiles al hacerlo que el beneficio que se obtiene. Hubiera sido mejor simplemente quemar combustibles fósiles primero”. Esto es un error llano. En promedio, una panel solar genera 26 unidades de energía solar por cada unidad de energía fósil requerida para contruirlo e instalarlo. Para las turbinas de viento el ratio es de 44 a 1.

Planet of the Humans también postula que no se puede reducir el uso de combustible fósil a través de la energía renovable: el carbón, en su lugar, está siendo reemplazado por el gas. Bueno, en el Reino Unido en 2019 las renovables generaron más electricidad que las plantas de carbón, gas y petróleo juntas. Como resultado del cambio a renovables, la cantidad de combustible fósil usado para la generación de energía se redujo a la mitad, respecto de 2010. Para 2025, el gobierno pronostica que aproximadamente la mitad de la electricidad provendrá de las renovables, mientras que el consumo de gas caerá un 40% más. Para amartillar su punto de vista, el film muestra una imagen de una “enorme terminal para importar gas natural de los Estados Unidos que acaba de construir Alemania”. Alemania no tiene una terminal como esa. La imagen corresponde a Turquía.

También hay una historia real que contar sobre la cooptación y captura de algunos grupos ambientalistas por las industrias que ellos deberían tener en cuenta. Una importante cantidad de organizaciones conservacionistas grandes han tomado dinero de empresas de combustibles fósiles. Esto es una desgracia. Pero en vez de echarle la culpa a quien la tiene, Planet of the Humans concentra sus ataques en Bill McKibben, el cofundador de 350.org, que no ha tomado dinero de ninguno de sus trabajos de campaña. Es casi un cómico ejercicio de mala dirección, pero desafortunadamente tiene horribles consecuencias en el mundo real, ya que ahora McKibben enfrenta aún más ataques y amenazas de los que recibía antes.

Pero esto no es de ningún modo lo peor de la película. El film ofrece sólo una concreta solución a nuestro predicamento: la más tóxica de todas las respuestas posibles. “Realmente tenemos que empezar a afrontar el tema de la población… sin ver una suerte de muertes masivas en la población, no habrá vuelta atrás”.

Sí, el crecimiento poblacional contribuye a las presiones del mundo natural. Pero mientras la población global está creciendo a un ritmo de un 1% por año, el consumo, hasta la pandemia, se mantuvo firme por arriba del 3%. El alto consumo está concentrado en países donde el crecimiento de la población es bajo. Donde éste es más alto, el consumo tiende a ser extremadamente bajo. Casi todo el crecimiento poblacional está en países pobres mayormente habitados por personas negras y morenas. Cuando la gente rica, como Moore y Gibbs, abordan este tema sin las necesarias advertencias, están diciendo, en efecto “no es nuestro consumo, es su alimentación”. No es díficil de ver por qué la extrema derecha ama esta película.

La población es un lugar común al que apela la plutocracia gobernante cuando no piensan sus argumentos. La población es el recurso cuando se carece de agallas para afrontar las causas estructurales, sistémicas de nuestra prédica: la desigualdad, el poder oligárquico, el capitalismo. La población es a lo que recurren cuando quieren patear.

Hemos estado aquí varias veces antes. Docenas de películas han desparramado falsedades sobre los activistas ambientales y han rasgado tecnologías verdes, dejando a los combustibles fósiles fuera de foco. Pero nunca antes esos ataques procedieron de un famoso documentalista por sus campañas a favor de la justicia social, fregando nuestros rostros en la mierda.

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