La guerra de Libia no se detiene por el coronavirus

Durante todo el año pasado parecía que Khalifa Haftar estaba endemoniadamente decidido a tomar Trípoli, la capital libia, por la fuerza. Su Ejército Nacional había ddo importantes pasos hacia la captura de la ciudad habitada por 2 millones y medio de personas. El apoyo de los Emiratos Arabes Unidos y Rusia –materializado en drones, aviones de combate y una armada de mercenarios- hizo creer a muchos analistas que su victoria era un asunto fácil y altamente probable. Pero nunca ocurrió. En lugar de ello, el gobierno auspiciado por la ONU, respaldado por Turquía, lanzó una contraofensiva que, en tiempo récord, retomó varias localidades clave y una base aérea estratégica al sudoeste de la ciudad. De pronto, los drones turcos Bayraktar TB2 cambiaron de una postura defensiva a la ofensiva, destruyendo un montón de sistemas de defensa áereos rusos Pantsir y disparando a posiciones de Haftar hasta la base militar de Jufra, en el centro de Libia.

Esta derrota, que el vocero de Haftar buscó justificar como una “retirada táctica” ha puesto al comando militar oriental de Haftar en una difícil posición,  con su capacidad de movilizar a su base de apoyo crecientemente cuestionada. Issa Tuwegiar, ex ministro de Planificación, reveló a Maldita Realidad que esl temor de Haftar de ver a su campamento fragmentado ha motivado su decisión de abandonar las reuniones con europeos tendientes a arribar a un acuerdo para compartir el poder, jugándose por crear un nuevo gobierno por su propia cuenta. “Haftar ha fallado en su misión de liderar y garantizar a las tribus del este una renta y status favorable en su nuevo régimen dictatorial”.

La finalización de las negociaciones, declarada en un mensaje televisivo, despertó preocupación por el destino del parlamento internacionalmente reconocido del país, basado en Tobruk, al cual Haftar supuestamente había prometido lealtad. Podo después del discurso de Haftar, en redes sociales apareció un video mostrando al vocero Aguila Saleh expresando su desdén por el plan, anunciando una iniciativa política propia en medio de contratiempos en el campo de batalla.

Haftar se enorgulleció por mucho tiempo de comandar un ejército moderno, en contraste con las miríadas de milicias que aparecieron en el país durante la invasión de la OTAN contra Kaddafi, y que nominalmente cayeron bajo a la autoridad del gobierno títere puesto por los extranjeros. Se filtraron imágenes de las tropas de Haftar en formaciones belicosas que daban una sensación de profesionalismo del que carecían las fuerzas prohijadas por yanquis y europeos. De hecho, al lanzar su asalto a Trípoli en abril de 2019, Haftar dijo que restauraría el orden y liberaría al país de un gobierno sostenido por milicias. Aquel tono le ganó la confianza de varios actores extranjeros, incluidos Egipto, Arabia Saudita, Jordania, y los mencionados Rusia y Emiratos Arabes Unidos, y en menor medida, Francia, que lo invitó a las conversaciones para lograr un acuerdo de paz.

En aquel momento, se creía que la avanzada de Haftar iba a cambiar el rumbo de la guerra en Libia. En el corto plazo, se advertía que podía avanzar con relativa facilidad y capturar la mayor parte del terreno deshabitado del país, particularmente el desierto del sur. La narrativa de Haftar de tener la voluntad, y de hecho, la capacidad de estabilizar Libia devino en una profecía de autocumplimiento, la cual es descripta por el investigador libio Tarek Megerisi como un “esquema Ponzi “. “Mientras continuaba avanzando, expandiendo su poder, tenía razón. Pero ahora que ha sufrido derrotas –algunas humillantes-  todos están yendo en su contra” –explicó Megerisi.

Y seguramente, no pasará mucho tiempo antes de que los territorios caídos en manos de Haftar hagan declaraciones denunciando “el golpe” del militar y expresando su alianza con la administración de Trípoli, a cargo del primer ministro Fayez al-Sarraj.

“Las regiones del sur fueron cedidas a Haftar por algunas tribus locales. Esto fue usado para demostrar a sus sponsors externos la facilidad con la que podía barrer Libia, y Trípoli en particular” asevera Tuwegiar.

Para Mahmoud al-Futasy, un ex ministro de Industria, la decisión política de Saleh es una clara señal de su falta de confianza en Haftar. “Pienso que es una cuestión de supervivencia para Saleh. Se dio cuenta de que si continúa con Haftar, estará afuera del juego político, ya que Haftar está perdiendo la batalla” dijo al-Futasy. “Además, tiene el apoyo de su tribu que es muy influyente en el este, así como el de rusos y egipcios”.

En el video filtrado de su encuentro con los ancianos de su tribu, Saleh dijo que su plan, que incluye la reasunción de las conversaciones de paz y la formación de una nueva unidad de gobierno, tiene el respaldo de Moscú y El Cairo, los apoyos clave de Haftar. Esta consideración parece que ha de ser corroborada por informes que sugieren que aquellos que respaldaron a Haftar en Emiratos Arabes Unidos y Egipto estarían buscando un reemplazo. Entretanto, Moscú y Ankara han avanzado un cambio en sus esfuerzos diplomáticos para encontrarle una solución a la crisis libia. El ministro del exterior ruso Sergey Lavrov y su colega turco Mevlut Cavusoglu, sostuvieron una conversación telefónica en la que coincidieron en la necesidad de un cese de fuego inmediato y una puesta en marca de un proceso político normalizador. La llamada se hizo a horas de que el ministro del interior libio Fathi Bashagha anunciaron que varios aviones de combate rusos habían arribado a Libia desde una ubicación oculta en Siria, en lo que ha sido interpretado por algunos observadores como una señal de que Moscú no ha de retirarse pronto del país. Resta ver si Rusi acontinuará bancando a Haftar –y si éste es el caso- cuál será la reacción del gobierno tripolitano si el acuerdo que proponen incluye al general nativo de Ajdabiya. Para el coronel Rida Issa, que dirige las operaciones navales del gobierno puesto por la ONU, una cosa es cierta y segura: Haftar no puede formar parte del nuevo proceso. “No negociaremos con Haftar. La matanza de civiles, el desplazamiento de cientos de miles, y la destrucción de hogares e infraestructura es su responsabilidad” dijo Issa a Maldita Realidad. “Después de que ganemos esta batalla nos sentaremos en la mesa y aportaremos una solución política. Pero el este de Libia debe proponer a otros individuos con los cuales podamos negociar” –concluye su arenga el militar, ya harto de tanta guerra y tantas negociaciones espurias o inconclusas.

 

 

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