Oveja negra

Pasearon lejos de sus compañeras plegadas, sus caminos parecen salvajes y ásperos: ellas siguen la señal de una estrella funesta, sus caminos están aliviados por el sueño.

Sin embargo, sólo buscaban una distancia más amplia, alguna ladera de colina más suave, y poco les importa del extraño país más allá de las puertas de la esperanza.

Y por suerte suena una campana con llamado seductor, convocándolas a avanzar en medio de crueles rocas, donde el profundo pozo y la trampa están esparcidos.

Quizás, a pesar de sus mansos días de libertad marginada, están enfermas del corazón por los caminos domésticos donde se podían reunir como hermanos.
Y a menudo por la noche, cuando los llanos caen oscuros y las montañas se asoman enormes y lúgubres, ellas prestan atención en silencio a la voz del pastor, y sus almas salen hacia él.
Entretanto, “¡oveja negra, oveja negra!” gritamos, seguras en el pliegue interno, y tal vez escuchen, y pregunten por qué, y se maravillen, afuera en el frío.

 

traducción: Hugo Müller

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