Mongolia: nomadismo y viviendas inteligentes contra el coronavirus

Visiten Ulan Bator en Google Earth –el único modo que quizá la mayoría de nosotros estará allí alguna vez- y descubrirán que la capital mongola no se parece a ninguna otra ciudad. Esparcidos alrededor del centro urbano de la era soviética hay miles de pequeños puntos blancos. Como si alguien hubiera vaciado una enorme bolsa de confites a través del paisaje, las manchas blancas arracimadas en los pliegues de los valles se extienden hacia las afueras por kilómetros de zarcillos serpenteantes.

Aquellos puntos –separados en su propio dominio y a veces acompañados del rectángulo naranja de una cabaña con techo de lata-, visible cuando se aproxima el zoom, son los gers (casas mongolas). Por miles de años, aquellas tiendas móviles, hechas con celosías de madera envueltas en fieltro y lona aislantes, han sido las casas elegidas por los pastores mongoles de las llanuras. Pero la tienda basada para la vida nomáde no es fácilmente adaptable a la ciudad, lo que ha traído resultados problemáticos.

“Mongolia es el país con menor densidad poblacional del mundo” dice Badruun Gardi, que creció en Ulan Bator y en 2016 fundó GerHub, una ONG que ayuda a la gente a ajustarse a los desafíos de la vida urbana. “Cuando eres un pastor, pueden andar cientos de kilómetros sin encontrar otra familia. No tienes que pensar en vivir en un espacio confinado compartido con cientos o miles de personas. Es el principal desafío que afrontamos como nación”.

La idea de una capital fija fue siempre un concepto extraño para esta nación de pastores nómades. En el siglo XIII el conquistador Genghis Khan gobernó su vasto imperio desde un ger de 9 metros de ancho, mientras que Ulan Bator solía ser un asentamiento nómade, formado por miles de tiendas reunidas alrededor de un monasterio transportable, siguiendo camino hacia donde los rebaños de ganado decidieran viajar. Los soviéticos intentaron formalizar la capital en la década del ’20 del siglo pasado, cambiándole el nombre de Urga por el actual, que significa “Héroe Rojo”. Construyeron bloques de concreto para departamentos y establecieron una cuadrícula, la cual se consolidó en la posguerra fría. Pero, a medida que en los años recientes miles de pastores arribaron a la ciudad, conducidos por la pérdida de ganado y las promesas de una mejor educación, cuidado de salud y proyectos de empleo, la capital se ha expandido a las afueras en todas las direcciones desmadejando una gersópolis. El ajuste de la vida a campo abierto al ajetreo de la gran ciudad requiere cierto período de acostumbramiento.

Para los iniciados, el mundo afuera del ger ya no es campo rodante, sino una pequeña parcela privada, rodeada por una valla de dos metros de alto. Los residentes de la ciudad deben pagar por agua y combustible, confiar en el transporte y manejar su basura. Sus acciones individuales tienen un impacto en los otros. A veces, por primera vez en sus vidas encuentran problemas comunes que se hacen responsabilidad de un cuerpo colectivo de personas. Estos desafíos sociales son exacerbados por una serie de cuestriones prácticas: no hay agua corriente en los distritos de gers, tampoco hay electricidad, alcantarillado o calefacción central. En invierno, cuando la temperatura desciende los -40°C, cada casa quema alrededor de 3 a 5 toneladas de carbón, haciendo de Ulan Bator una de las ciudades más contaminadas del mundo. Y la escala del desafío sólo se está incrementando.

“La gente tiende a pensar que los distritos ger son como áreas de barrios marginales, pero representan el 60% de la población de la ciudad, y son 30.000 personas nuevas cada año” dice Gardi.

El fundador de GerHub ayuda a darle sensación de orgullo a los distritos gers. Luego de años de trabajar en todos los espacios que pudo, el programa de investigación educativa y social de la ONG tuvo un nuevo hogar, en la forma contemporánea de un ger tradicional, diseñado por RUF (Rural Urban Framework), un estudio de arquitectura de Hong Kong

Erigido como un pabellón con fachada de policarbonato en el medio de un embrollado vecindario ger en el distrito de Songino Khairkhan, el innovador ger ofrece un shoqueante arribo. Sus brillantes paredes de plástico envuelven un delgado marco de madera, que a su vez contiene un espacio interior definido por paredes de adobe. En verano, toda la casa se puede abrir, los paneles de paredes levadizas se elevan para permitir actividades desparamadas en el paisaje circundante, mientras que en el áspero invierno, la estructura en capas crea un amortiguador protegido.

“Nos inspiramos en la estructura del ger” dice Joshua Bolchover, cofundador de RUF, estudio de la Universidad de Hong Kong cuyos estudiantes ayudaron a construir el proyecto. “Pensamos, ¿y qué si pelamos las capas de madera, aislamiento y desagüe para crear una habitación dentro de una habitación, como las mamushkas rusas?” La estructura resultante (juzgando desde las fotos) crea una libre sucesión de espacios que pueden ser adaptados a todo tipo de actividades, desde sala de juegos para niños a tiendas innovadoras para adolescentes, sesiones de capacitación para negocios locales y sala de encuentros para adultos mayores.

El diseño en capas implica que, si hacen -40°C afuera, estará a alrededor de 0°C en la zona de amortiguación (“Bien para que los niños corran con sus abrigos puestos” dice Bolchover), gracias a la ganancia solar atrapada por el revestimiento de policarbonato, mientras que el espacio central sólo necesita ser calentado a 15°C, con el calor irradiado desde la masa termal de las paredes de adobe. Un anfiteatro circular al centro del espacio ha sido ubicado para que el ger se levante sobre él también, creando un núcleo central aún más aislado para reuniones más íntimas.

“Deseamos que sea un lugar tan vivible como sea posible. En invierno puede ser particularmente arduo estar atrapado por meses hasta el fin, por eso esperamos que será un lugar para que se desenvuelva la vida social y se formen nuevos lazos comunitarios”.

Desafortunadamente, el edificio sólo tuvo la posibilidad de albergar un workshop de apertura antes de que la cuarentena del coronavirus detuviera todas las actividades en la ciudad. Mongolia tuvo una particular prudencia al adoptar acciones tempranas, son muy pocos aquí los casos de Covid-19, y no se registran muertos por la pandemia. Se espera que cuando el centro reabra sus puertas será un centro social que ayudará a esta comunidad novata a formar lazos de vecindario y cosechar los beneficios de su nueva vida urbana.

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