Los tres extraños

Lejanas esán aquellas colinas tranquilas, teñidas con el bonito rosa de la tarde, en urgente, secreta y errante inclinación, un viajero anda. Se aproximan a él tres extraños, descalzos, encapuchados, sus ojos sondean al solitario, se apresuran a él con tonta conjetura.
El les confiere un instante con un discurso cercano: apuro de Dios, él se apresura, aquel ansioso viajero…
Yo era el hombre, en un sueño: y cada noche del mundo en vano espero paciente en sueños desvelar aquellas vívidas colinas nuevamente.
Si aquellos tres supieran cómo aún arde en mi, Amor –por uno perdido en el Paraíso- por su grave cortesía.
traducción: Hugo Müller

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