Los hombres viejos

Viejos y solos nos sentamos, enjaulados, nos desembarazamos de los hombres, perdidos al ‘¡escuchen!’ y ‘¡vean!’, al para qué y el cuándo del pensamiento.
Sólo vagos recuerdos lejanos de un pasado una vez amado, pero ahora desperdiciado y desvanecido, como hojas verdes de la arboleda.
La vastedad cría el silencio de la noche, la luna ruinosa eleva su luz sobre nuestros rostros, de donde se han ido todos los sueños.
No hablamos, cada cabeza tiembla, nuestros ojos están quietos en sus cavidades, el deseo tan frío como los muertos, sin admiración o voluntad.
Y uno se aproxima, con una linterna, y aplasta con la luna en nuestros ojos:

‘¿Dónde están?’ pregunta: ‘Estoy aquí’, uno por uno nos levantamos.
Y ninguno levanta una mano para sostener a un amigo del toque de aquel enemigo:

El corazón llora en otro corazón, ‘¡Ustedes son viejos!’ Aún reacios, nos vamos.

 

traducción: Hugo Müller

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