Los extraños

Empañado de frutos está el muérdago con esferas de gris opaco, en medio de diez mil espinas el acebo enciende sus fuegos, y en el pesebre duerme Jesús este día de navidad.

De toro a toro con garganta vacía hace eco cada montaña, frías ovejas en pastos espesos de nieve rellenan el aire con su balido, mientras en el corazón de su madre este bebé toma su dulce futuro.
Todas las flores y mariposas yacen ocultas, el mirlo y el tordo pían sólo un poco mientras revolotean sin descanso de arbusto en arbusto, hasta al petirrojo Gabriel le gimió suavemente ‘¡Silencio!’
Ahora la excitación de la noche con estrellas ardientes en la oscuridad de la nieve,

cargados con aceite de incienso, mirra y oro los extraños se dirigen a la oscuridad donde una lámpara opaca arde suavemente, ¡sí!
No hay caída de nieve, aún su pequeña cabeza asiente en vientos de invierno espantoso, ninguna alondra en el marco del cielo canta matinales claros y estridentes, aún en estas tinieblas congeladas el amanecer respira, ¡la Primavera está aquí!

 

traducción: Hugo Müller

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