La protesta

Estaba en paz hasta que viniste y encendiste una mente descuidada; vivo en quietud, frío, contento, todo anhelo en un destierro seguro, hasta que tus labios y ojos fantasmalmente hicieron tonta la sabiduría.
Nada había en mí que tentara tus pies para buscar un alquiler. Casi olvido tirada la dulce soledad que en la infancia ambos solíamos vagar, el frío del tiempo había cerrado mi corazón y se había cerrado a ti.
Bueno, ¿y qué luego…? Oh, visión grave, ¡llévate todo lo pequeño, todo lo que tengo! ¡Despójame lo que en pensamiento sin voz la vida conserva de la vida, sin esperas ni búsquedas! ¡Sueño y ensueño que el recuerdo debe ocultar profundo en el polvo!
Sólo esto digo: aunque fría y desnuda, la casa acechada que elegiste compartir, aún bajo sus paredes el rayo de luna va y tiembla sobre la rosa desatendida, aún sobre su techo roto de árbol se elevan los estrellados arcos de los cielos, y bajo tu palabra más ligera habrá un trueno de un mar menguante.

 

traducción: Hugo Müller

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *