La polilla

Aislada en el aire de medianoche, almizclada con la pálida floración de la oscuridad, afuera en la penumbra y acechanzas secretas la llama grita, ‘¡Ven!’
Adorable en tinte y abanico, trémula en gracia reluciente, una polilla levanta su rostro desde su desmayo invernal: contempla desde sus ojos elegantes, se arrastra en penachos como niebla, en éxtasis se balancea y arremolina hacia su extraña cita.

 

traducción: Hugo Müller

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