La canción del final

Al filo de todas las edades un caballero se hastió sobre su corcel, su armadura roja y delgada con herrumbre, su alma liberada del dolor, y levantó su visor desde un rostro de piel y hueso, y su caballo giró su cabeza y relinchó mientras ambos se pararon allí solos. Ningún ave por encima de aquella pendiente del tiempo cantó sobre una búsqueda de toda la vida, ningún viento alentó, descanso: “¡Solos para un final!” gritó el caballero al corcel, desató un reino de ansiedad, cargó con su desafío al espacio: y callado lo hizo, callado quedó.

 

traducción: Hugo Müller

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