El jardín hundido

No hables, no susurres, aquí soplan tomillo y bergamota, suavemente a la hora de la tarde, hierbas secretas derraman una lluvia de especias, romero de punta oscura y mirra, majestuosa y torcida la lavanda púrpura, se oculta dentro de su seno también, todas sus penas, la amarga ruda.
No respires, no pises este lugar verde y deslumbrante, enrejado desde los rayos de luna, quizás un distante soñador sueñe, quizás sobre su aire oscurecido, los fantasmas no vistos del pasaje de los niños, balanceándose débilmente, deslizándose y barriendo, como adorables flores del mar en su profundidad, mientras, inmovilizado, para observar y vigilar, en medio de su penumbra y el cespéd de margaritas, parado con cabeza inclinada y húmeda, aquel joven plomizo.

 

traducción: Hugo Müller

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