El espantapájaros

Durante todo el Invierno inclino mi cabeza bajo la lluvia torrencial, el viento del norte me atiza con nieve y me sopla negro nuevamente, a la medianoche bajo un laberinto de estrellas ardo con brillante escarcha y me paro sobre el rastrojo, rígido como el correo a primera hora de la mañana.

Pero cuando aquella niña llamada Primavera, y todos sus niños invitados vengan, esparciendo sus capullos y humedad sobre aquellos acres de mi hogar, se despierta en mis harapos algún frenesí, elevo los ojos vacíos y sondeo el cielo por cuervos, aquellos enemigos hambrientos de mi extraño señorío, Hombre.

Lo observo caminando erguido detrás de su equipo de choque, y sé que pronto el trigo crujirá su cuerpo alto donde una vez yació una nieve estéril; pronto contemplaré a través del mar de un grano dotado de sol, que mi inquebrantable reloj ha sellado para la cosecha una vez más.
traducción: Hugo Müller

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