Cabezada

Suavemente a lo largo del camino de la tarde, en un crepúsculo oscuro con rosa, arrugado con la edad, y empapado con humedad, el viejo Nod, el pastor, va.
Su somnoliento rebaño fluye delante de él, sus vellones cargados de oro, hacia donde el último rayo del sol se inclina bajo, sobre el redil del pastor.
El cerco es rápido y verde con brezo, desde su arena los conejos gimen, y todos los pájaros que vuelan en el cielo cantan al rebaño que va a casa a dormir.

Sus corderos superan en número a las rosas del mediodía, aún, cuando las sombras de la noche caen, su viejo y ciego perro pastor, pronto dormitando, no perderá a ninguna oveja.
Suyas son las quietas pendientes de la tierra de los sueños, las aguas de no-más-dolor,

los cencerros de su carnero bajo un arco de estrellas, ‘descansa, descansa y duerme nuevamente’.
traducción: Hugo Müller

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