Guaidó, ladrón y autoatentado

Un profesor universitario y exdiplomático venezolano asegura que el autoproclamando presidente interino Juan Guaidó se valió de sus contactos con Estados Unidos para acumular una fortuna personal a costa de las empresas estatales confiscadas en el exterior. Para el docente de la Universidad Nacional Experimental de los Llanos Centrales Rómulo Gallegos, Dr. Ángel Rafael Tortolero Leal, a los ojos del pueblo venezolano “Guaidó es un ladrón que apenas en un año consiguió acumular una gran fortuna con el saqueo de las empresas en el exterior”. En una entrevista con The Associated Press, Tortolero afirmó que Guaidó es un “invento” norteamericano.

Días después de que Guaidó se proclamara en acuerdo con la oposición que maneja la Asamblea Nacional de Venezuela, los Estados Unidos anunciaron que le entregaban el control de las participaciones de Venezuela del Banco de Reserva Federal de Nueva York. Más tarde, el diputado obtuvo el control de las empresas públicas venezolanas de fuera del país. Además, de acuerdo con el sitio de la Agencia de los EE UU para el Desarrollo Internacional (USAID), desde el año fiscal de 2017 EE UU destinó más de 656 millones de dólares en concepto de “asistencia humanitaria” y “desarrollo” para enfrentar la crisis venezolana. Un dinero que, a pesar de que días atrás el director de USAID Michael Green se vio forzado a aclarar que ningún fondo iba dirigido a Guaidó sino a ONG dedicadas a la asistencia, es evidente que el joven dirigente es quien tiene el control de esos fondos.

Un memorándum interno difundido por The Los Angeles Times el año pasado señala que hubo un giro cercano a 40 millones de dólares dirigidos “específicamente para pagar salarios del gobierno interino, tarifas aéreas, y cursos de gestión”.

Hasta ahora, advierte el profesor Tortolero, nadie del equipo de Guaidó presentó ningún tipo de rendición sobre el uso del dinero facilitado por la USAID y otras agencias.

“Guaidó nunca rindió nada sobre fondos recibidos, y es por eso que más de la mitad de los diputados de la oposición lo abandonaron”, explicó. “La discrepancia entre lo que dice la USAID y lo que revelan las investigaciones periodísticas nos permite ver claramente que existe una guerra multifáctica en Venezuela que afecta directa y criminalmente al pueblo venezolano y a los ciudadanos americanos del común, que ven como sus impuestos son desviados por la clase política que los gobierna”.

Epílogo, de Hugo Muleta

¿Y en qué usa ahora su fortuna el autoproclamado presidente cipayo? Pues en fabricar un autoatentado que sea la excusa perfecta para la invasión de tropas yanquis. Sumándose a la moda bolsonarista –que pergeñó un perfecto autoatentado que lo catapultó a la presidencia de Brasil- el pasado fin de semana, en su visita a Barquisimeto, Guaidó reunió a su tropa y les avisó que la acción se llevaría a la mañana mientras visitaba un centro comercial en una ciudad resucitada por la dolarización. Allí les explicó a sus matones armados que debían disparar a una de sus camionetas con balines de escaso calibre, para luego difundir en todas las redes sociales y medios de comunicación posibles que Maduro ha intentado matarlo a través de los “colectivos” chavistas. Pura patraña, puro “falso positivo”, puro ardid barato para seguir adelante con su pasayesco liderazgo, bancado por Estados Unidos, paramilitares colombianos, y el mismísimo gobierno del país vecino, que sí continúa perpetrando crímenes salvajes todos los días, en contra de cuanto líder social y comunitario se levanta contra su oprobiosa gestión. Ahora, el niño rico que gobierna Colombia, le pide a su protector Trump que incremente las sanciones contra Venezuela y que de una vez por todas termine con la era de Maduro, algo que hoy está muy lejos de ocurrir, por más autoatentados que guarde aún Guaidó (calificado como “la nada misma” por Diosdado Cabello) en sus largas mangas de infame ladrón.

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