La muerte de una ciudad por fuego

Luego de que aquel cantante caliente haya equilibrado todo excepto el cielo abovedado, escribí la historia por sebo de la muerte de una ciudad por fuego, bajo el ojo de una vela, que humeaba en lágrimas, quise contar, en más que cera, sobre la fe que fue rota como alambre. Todo el día caminé afuera entre las historias en escombros, conmovido ante cada pared que se levantaban en la calle como una embustera, alto estaba sacudido el cielo por pájaros rocosos, y todas las nubes eran heridas abiertas desgarradas por el saqueo, y blancas a pesar del fuego. Junto al mar humeante, donde Cristo caminó, pregunté, ¿por qué un hombre hace lágrimas cuando su mundo de madera falla? En la ciudad, las hojas eran papel, pero las colinas eran una bandada de fes, para un muchacho que caminó todo el día, cada hoja era un verde aliento reconstruyendo un amor que pensé estaba muerto como los clavos, bendiciendo la muerte y el bautismo por el fuego.

 

traducción: Hugo Müller

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