Blues

Aquellos cinco o seis jóvenes almorzaron en la parada que anoche me esperaba con un calor infernal. Bonita y amistosamente. Entonces me detuve. La calle McDougal o Christopher en cadenas de luz. Un festival de verano. O de algún santo. No estaba muy lejos de casa pero no demasiado brillante para un negro, y no demasiado oscuro. Me figuré que éramos todos uno, latino, negro, judío, además, esto no era Central Park. ¿Estoy entrando demasiado fuerte? ¡Se figuran bien! Golpearon a este negro rubio, negro y azul. Sí. Durante todo esto, atemorizado en el caso uno usó un cuchillo, yo colgué mi verde-oliva, sólo compré un abrigo deportivo en un enchufe de fuego. No hice nada. Ellos se pelearon entre sí, realmente. La vida les da unas cuantas patadas, eso es todo. Las picas, las espigas. Mi rostro golpeado, mi maldita jarra derramándose, mi chaqueta de rama oliva salvada de los cortes y tironeos, me arrastré cuatro pisos arriba por las escaleras. Estirado en la cuneta, recuerdo que unos pocos observadores saludaron ruidosamente, y una madre de algún niño gritando ‘Jackie’ o ‘Terry’. ‘¡Ya es suficiente!’ No es nada realmente. Ellos no obtienen suficiente amor. Tú sabes que no te matarían. Sólo están jugando rudo, como lo harán jóvenes americanos. Aún me ha enseñado algo sobre el amor. Si es demasiado duro, olvídalo.

 

traducción: Hugo Müller

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