La canción del suicidio

Estimando que mejor estaría muerto, dije “¿cómo me puedo matar?”

Vagando así junto al Sena buscaba la extinción sin dolor, cuando en un puente

vi un resplandor de ropa interior y escuché una zambullida…

Entonces como soy un robusto nadador me sumergí para rescatar a la pobre muchacha.

¿La mujer que salvé? Ah sí, para rendirle a la morgue un cadáver menos, aparte de toda acción heroica, me dio una satisfacción moral.

¿Era ella una vieja y marchita bruja, demasiado cansada de la vida, demasiado joven para rezagarse?

Ah no, era tan joven y bonita que me enamoré de ella allí mismo.

Y cuando me llevó a su ático su gratitud fue la más enfática.

Probó ser una muchacha dulce y simple, perturbada porque el hombre que amaba derramó su sangre de vida en batalla…

Entonces yo también le conté de mi muerta, la muchacha que en una celda gris tosió y tosió hasta abandonar la vida.

Así mientras buscamas aplacar nuestros dolores, con besos nos consolamos mutuamente…

Y éste es el fin de mi historia, no era sombría, no era sangrienta.
Porque fueron reconfortados corazones abandonados, y de la oscura lástima nació la alegría: así tal vez nuestros queridos muertos nos den su perdón, y bendigan el frenesí de la vida.
traducción: Hugo Müller

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