Una canción de 65

El valiente Thackeray caminaba los días cuando tenía 21,

y subía cinco tramos de escaleras, un galán de buhardilla,

y aún nuevamente en suave vena cuando la juventud corría alegremente

hundió su nariz en vino gascón, y contó el año 40.

Aunque si yo tuviese el mérito de cantar a un tiempo más rico, más raro,

entonaría mis gaitas delante del fuego y alegremente me esforzaría por

alabar aquella edad cuando la prosa nuevamente le haga camino a la rima,

los días de vida de verano indio cuando tenga 65,

porque para entonces mi obra estará toda hecha, mis viajes serán pasado,

y yo habré ganado el derecho de descansar donde las colinas plegadas son verdes,

así en algún anclaje vidrioso haré rápido mi cable,

oh, dejen que los mares muestren todos sus dientes, me sentaré y sonreiré sereno.

La tormenta podrá bramar alrededor del techo, yo permaneceré junto al fuego,

y veré varias escenas de navegación y caminata dentro de la llama,

porque habré desgastado la espuela de la pasión y el deseo…

Oh sí, cuando tenga 65, qué paz vendrá a mí.
Tomaré mi desayuno en la cama, me levantaré a las diez y media,

cuando todo el mundo está hermosamente acicalado y lleno de canción dorada,

fumaré un poco y bromearé un poco, y leeré las noticias,

y entonces vagaré alrededor de mis melocotoneros hasta que escuche el llamado del almuerzo.

Y luego de eso pienso que dormitaré una hora, bueno, tal vez dos,

y entonces le mostraré a alguna alma gemela lo bien que prosperan mis rosas,

haré las cosas para las cuales jamás hallé tiempo para hacer…

Oh, no seré el hombre ocupado cuando tenga 65.

Me divertiré en mi biblioteca, leeré libros de De Morgan,

seré tan gárrulo que me temo me escribirán que soy un pelmazo,

Observaré los modos de las hormigas y abejas en silenciosos rincones soleados,

comprenderé a la creación como jamás lo hice antes.
Cuando haya charlas alrededor de tazas de té las escucharé a todas,

en días sonrientes algún amigo amable me llevará a un paseo:

tendré un perro collie lanudo que se lanzará a mi llamado:

celebraré mi segunda juventud cuando tenga 65.
Ah, aunque tenga veinte años más por delante, me veo bastante llano,

un viejo bonachón, de mejillas rosadas, ligero y arrugado,

pienso que usaré un chaleco de tartán y me apoyaré sobre un bastón.

Espero tener pelo plateado detrás de una capa de terciopelo.

Veo a mis pequeños nietos retozando alrededor de mis rodillas,

tan alegre es la escena que casi desearía que se apresure su arribo,

dejo que otros canten a la juventud y la primavera, aún me parecerá que el tiempo dorado es el tiempo de la vejez, algún tiempo alrededor de los 65.

 

traducción: Hugo Müller

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