Un fuego de olivo

Un fuego de olivo es una cosa adorable, de algún modo me hace pensar en la primavera,

así en mi hogar se derrama con llamas danzantes como narcisos.

Coquetean y juegan, se retuercen y enroscan,

los hierros cobrizos de fuego parpadean y brillan…

¡ustedes llamaradas, salten en oro! Rían y canten: un fuego de olivo es una cosa adorable.
Un fuego de olivo es un santuario familiar, un pan crujiente, una jarra de vino,

una manzana y un pedazo de queso, oh, estaría contento con eso.

Pero si mi maldición de aceite está allí, para freír un pescado recién atrapado,

juro que no envidiaría a ningún rey, sentado junto a mi hagar canto: un fuego de olivo es una cosa adorable.
Cuando esté viejo y desgastado, cansado de la vida, me sentaré delante de un fuego de olivo,

y observaré la ceniza de pluma como nieve, tan suave el resplandor de un corazón rosa,

las leonadas raíces liberarán su tesoro de rayos de sol almacenados por centurias,

y las llamas como el pío del pollo amarillo hasta que en mi corazón la paz sea bien profunda:

con las manos aferradas en oración duermo… y sueño.
traducción: Hugo Müller

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