Finlandia, en la vanguardia del combate a las fake news

Se puede comenzar desde las edades más tempranas, en verdad, se debería comenzar por el jardín de infantes: “Las historias de hadas funcionan bien. El zorro que siempre engaña a otros animales con sus palabras astutas. No es una mala metáfora de cierto tipo de político, ¿no es cierto?” dijo Kari Kivinen, director de escuelas secundarias de Helsinki.

Con las democracias de todo el mundo amenazadas por la aparentemente indetenible embestida de información falsa, Finlandia –recientemente posicionada como la nación europea más resistente a las fake news– asumió la batalla con la suficiente seriedad para enseñar a distinguirla en la escuela primaria. En la secundaria, los alumnos son competentes en análisis de información en múltiples plataformas, y un fuerte pensamiento crítico es uno de los componentes nucleares y transversales del currículum nacional introducido en 2016.

Kivinen es además profesor de matemáticas, y enseña a sus alumnos lo fácil que es mentir con estadísticas. En artes ven cómo el significado de una imagen puede ser manipulado. En historia analizan campañas de propaganda notables, mientras que en lengua los profesores trabajan con diversas metodologías que reflejan cómo las palabras pueden ser utilizadas para confundir, engañar y llevar a conclusiones erróneas.

“La meta es lograr ciudadanos y votantes activos y responsables. Pensando críticamente, chequeando los hechos, interpretando y evaluando toda la información que reciben, siendo crucial su origen. Hemos logrado que sea una parte esencial de lo que enseñamos, que atraviesa todas las materias”.

El currículum es parte de una amplia estrategia diseñada por el gobierno finés a partir de 2014, cuando se produjo una ola de fake news provenientes de la vecina Rusia, y el gobierno se percató que se estaba ingresando a una era de posverdad. El objetivo fundamental era asegurar que todos –desde los niños a los ancianos, desde el barrendero al político, puedan detectar información falsa, y dar lo mejor de sí para combatirla. Y nadie es demasiado joven para comenzar a pensar en la confiabilidad de la información que recibe.

“Los chicos de hoy no leen diarios ni ven noticieros de TV, que aquí son buenos. No buscan noticias, se topan con ellas en WhatsApp, YouTube, Instagram, Snapchat… O más precisamente, un algoritmo se las selecciona. Deben estar preparados para abordarlas críticamente. No cínicamente –no queremos que piensen que todo el mundo miente- sino desde una perspectiva que tiene en cuenta su procedencia, el contexto, aspectos situacionales y por supuesto, sus conocimientos previos”.

Según Kivinen el término “noticias falsas” no es muy apropiado para los niños. Son mucho más útiles tres categorías como “mala información” o errores, “desinformación” o mentiras, y “bolazos”, que son noticias falsas propagadas deliberadamente para engañar; también distingue los chismorreos, que pueden ser correctos pero su intencionalidad es hacer daño.

“Hasta los niños pequeños pueden comprender esto. Les encanta ser detectives. Si también logramos que cuestionen a los periodistas y políticos respecto de los temas que les preocupan, organizar debates y elecciones estudiantiles, si adquieren la competencia para redactar informes verdaderos y falsos sobre una cuestión en particular entonces el funcionamiento de la democracia, y la amenaza de las fake news, dejarán de ser un problema” dice Kivinene.

El quiere que sus alumnos planteen preguntas como: “¿quién produjo esta información, y por qué lo hizo?, ¿dónde s publicó?, ¿qué dice realmente?, ¿a qué apunta?, ¿en qué se basa? Si hay evidencia de la noticia o si es una simple opinión, si se puede verificar en algún lado.

Una alumna llamada Matilda (no Maldita) considera: “Siempre se deben constatar los hechos. La regla número uno es: no Wikipedia, y siempre tres o cuatro fuentes diferentes confiables. Este es el enfoque básico para cualquier materia”.

Priya, otra alumna de origen oriental, postula: “La educación es la mejor manera de luchar contra las fake news. El problema hoy es que cualquiera publica cualquier cosa. Es poco lo que puede hacer un gobierno ante grandes multinacionales como Google o Facebook, y si hace demasiado dicen que es censura. Entonces sí, la educación es lo más efectivo”.

Mikko Salo, miembro de un Grupo de Expertos de Alto Nivel en la detección de fake news, explica: “Se trata de vacunar contra problemas, más que decirle a la gente lo que está bien o mal. Eso puede conducir fácilmente a la polarización. A nivel educativo trabajamos con imágenes, videos, texto, contenido digital, dejamos que los estudiantes produzcan sus propios materiales, les pedimos que identifiquen distintos tipos de fake news, de acuerdo con las categorías establecidas por el currículum”.

“De la propaganda al enlace engañoso, de la sátira a la teoría conspirativa, de la pseudociencia al panfleto, de las historias describiendo eventos que simplemente jamás ocurrieron a los errores no intencionales de hecho, no hay trampa en la narrativa de Internet que se le escape a nuestras compatriotas” –cree Salo.

Finlandia no sólo es el mejor país para detectar fake news, sino que encabeza los rankings mundiales de libertad de prensa, transparencia, educación y justicia social. Es mundialmente sabido que los resultados PISA de sus estudiantes asombran por su excelencia. Semejantes ventajas requiere de sofisticados mecanismos de alerta y vigilancia para no perderlos. Acá es difícil que haya gobiernos mafiosos y corruptos como en el resto del mundo, donde proliferan y corren sin parar noticias falsas y posverdades.

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