El forúnculo de Bessie

Le digo a mi señorita: “¡Gordita! Veo que tienes algo en mente”.

Ella dice: “Tienes razón, Sam, tengo algo. Ocurre en mi culo. Un forúnculo que hace celoso el trabajo. Me duele infinito cuando me siento”.

Yo digo: “Ve al hospital, señorita. Ellos podrán aliviarlo un poco”.

Ella dice: “Es que odio estar mostrando esta parte de mi persona”.

Yo digo: “No seas quisquillosa, los doctores ven cosas más horribles que eso”.

Entonces la señorita se va ataviada sabrosa y allí, en la puerta del hospital

le dicen que vea al doctor de la habitación 34.

Entonces ella busca y persigue hasta que la encuentra, golpea y una voz dice: “Adelante”, y allí hay un apuesto y rústico joven, de blanco de los talones a la quijada.
“Tengo un forúnculo grande”, dice mi señorita, “me duele de lo lindo cuando me siento

y  Sam (que es mi esposo) me pidió que le pidiera que lo corte un poco”.

Entonces sonrojándose se arma de valor, y valientemente le muestra el lugar,

y él le hace una adecuada inspección, con mucha sorpresa en su rostro.

Entonces él dice con acento escocés: “Lo que tiene es un grano, lo puedo sentir,

pero mejor que consulte al médico de cabecera, lo llaman profesor O’Neil.
Es especialista en granos y abscesos. Lo encontrarán en la habitación 63.

Sin cargo, señora, ha sido un extraño placer. Sólo dígale que viene de mi parte”.

Entonces la señorita le agradece amablemente y busca y persigue como antes,

hasta que llega a una elegante sala con el nombre “Profesor O’Neil” en la puerta.
Entonces una vez más toma coraje y golpea, y una voz dice: “Está bien”.

Entonces ella entra y ve un tipo gordo con bigotes, todo de blanco.

Mi señorita dice: “Tengo un forúnculo grande, y si amablemente me permite

me gustaría que lo inspeccione, me duele como el infierno cuando me siento”.

Entonces enrojeciendo como una raíz de remolacha se apura para mostrarle el lugar,

y él dice con una mirada de asombro: “Seguro, señora, debe dolerle un montón”.

Entonces él se pone anteojos para examinarlo, y finalmente dice frunciendo el ceño:

“Apuesto que le debe doler como el diablo, especialmente cuando se sienta.

Pienso que es un caso para el cirujano, mejor consulte al doctor Hoyle.
No dudaría en decir que su forúnculo es una montaña de forúnculos”.
Entonces la señorita le agradece por decir que su forúnculo es una montaña de forúnculos, y busca y persigue hasta que llega a una puerta marcada “Doctor Hoyle”.

Pero ahora ella está que levanta viento, y tiembla en cada miembro pero piensa:

“Después de todo, él es un doctor. Ah, no debería ser tímida con él”.

Ella está hecha de buen material, la señorita, así golpea y una voz dice: “¿Quién está ahí?”
“Soy yo” dice mi Bessie, e ingresa al cuarto que es espacioso y está vacío.

Y un viejo de aspecto sabio la saluda, y él también está todo vestido de blanco.

“Es la sala donde te cortan” piensa Bessie, y se sacude como una gelatina con miedo.

“Ah, tengo un forúnculo grande” comienza la señorita, “y si está seguro que no le molesta, me gustaría que lo vea un momento, me duele, porque está detrás”.

Entonces pensando que mejor es terminar, se apura para mostrarle el lugar,

y él contempla como sorprendido, y su rostro se pone muy rojo.

Pero él mira a su mayor conciencia, desde cada ángulo de visión,

luego dice encogiéndose de hombros: “Pobre señora, lo lamento por usted.

Desea ser cortado pero debería tener un médico para hacerlo.

Sí, ¿por qué no van al hospital, donde están todos los doctores?
Vea, señora, esta parte del edificio está cerrada por reparaciones,

nosotros sólo somos los pintores, pintamos las paredes y escaleras”.

 

traducción: Hugo Müller

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