Cumpleaños

(16 de enero de 1949)
Agradezco a los dioses que sean por toda la felicidad que es mía,

que soy festivo, apropiado y libre para saborear mujeres, ingenio y vino,

que pueda disfrutar del golf y tenga un formidable golpe: aunque tenga setenta y cinco.
Mi hija piensa –porque soy viejo- (no soy un cacharro, cuando todo esté dicho),

no debería dejar que se enfríen mis pies,

y debería usar medias de lana en la cama,

¡una gorra de dormir también, por cierto!

Para complacerla no me esforzaré: un hombre está en su segunda infancia cuando tiene setenta y cinco.
A los ochenta comienza la senectud, y no hasta entonces, le advierto a mi esposa,

a los ochenta me retractaré de mis pecados y viviré una vida sobria y seria.
Pero mientras tanto déjenme echar una cana al aire, y decirle al mundo que estoy vivo:

llena hasta el borde mi copa burbujeante, ¡aquí, saludo a los setenta y cinco!
traducción: Hugo Müller

 

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