Compasión

Vi un mendigo en la calle que sostenía una mano como una garra marchita,

tan frío como la arcilla, pero como no tenía una moneda para darle me abotoné el abrigo y me di vuelta.

Y luego observé a una esposa trabajadora que soportaba la amarga carga de la vida con miembros rezagados, tomó una moneda de su bolso y con dulce piedad en su mirada se la dio.
Al rato vi una mujer andrajosa que alimentaba a seis gorrionos que aterrizaban en famélico vuelo,

era tan pobre, frágil y vieja, aún las migas de su último pan repartía con puro deleite.

Entonces, de pronto en mi corazón nació un salvaje desprecio por mi elegante yo,

urgido a reparar mi actitud, entonces cuando vi un perro hambriento

vendé su pata sangrante y le compré un hueso.
Porque Dios sabe que es bueno dar, tal vez no nos quede mucho de vida,

entonces si podemos hagamos cada día un acto amable, y demos una mano a los necesitados,

ave, bestia u hombre.
traducción: Hugo Müller

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